Ejemplos ?
CUANDO LOS PUEBLOS CREIAN QUE LOS SOBERANOS ERAN EMANACIONES DE LA VOLUNTAD DIVINA, SE SOMETIAN SIN CHISTAR AL DESPOTISMO DE SUS MONARCAS.
Misia Jesusa, Emer y la china debían quedarse en el comedor, y estarse quietas, sin chistar, aún cuando el mundo se viniese abajo.
Pero tan y mientras yo estoy aquí, él me va perdiendo el cariño, y tan y mientras él me va queriendo a mí menos, yo a él le voy queriendo más, y más y más, y yo ya no vivo, sino que vivo muriéndome, ¿usté sabe?, muriéndome, y a to esto yo sin chistar tan siquiera.
Los enemigos nos habrán hecho flecos antes de que lleguemos a la falda del cerro, y aun superado este inconveniente, no nos dejarán formar línea ordenada de batalla. En fin, soldado soy y mi obligación es ir sin chistar al matadero y cumplir, como Dios me ayude, con mi rey y con mi patria.
A un rabadán encuentra, Y le pregunta alegre: «Dime, ¿es de Melibeo Ese ganado?» «Miente, Que es mío; y sobre todo, Sea de quien se fuere.» No respondió el buen hombre Muy poéticamente. El joven, temeroso De que tal vez le diese Con el fiero garrote Que por cayado tiene, Sin chistar más palabra, Huyó bonitamente.
Un gran terror se había apoderado del ánimo del miserable y caminaba lo más rápidamente que podía, sufriendo sin chistar los latigazos que sacudía sobre sus espaldas el impaciente don Simón Antonio.
Asomose de camino a un agujero que caía al portalón, y vio que estaban todos quietecitos como unos muertos, sin chistar ni mistar, ni decirse los unos a los otros una mala desvergüenza.
Buscó y llamó en silencio a su criada; contole del concierto el mal estado y que ella no se hallaba para nada porque el fraile la había derrengado, mas que, por no quedar avergonzada, el recurso que había-imaginado era que sin chistar corriendo fuera y en la cama con él se zambullera.
Los vencedores exigían dinero, mucho dinero. Los habitantes pagaban sin chistar: eran ricos. Pero cuanto más opulento es el negociante normando, más le hace sufrir verse obligado a sacrificar una parte, por pequeña que sea, de su fortuna, poniéndola en manos de otro.
A pie, corten una puntita que puedan, entre todos, encerrar de tal modo que ni una oveja se vuelva; acérquenla despacio, sin gritar, sin chistar, siquiera, sin golpear, y mientras por detrás se va arreando la majada, cruzan el arroyo, a pie entre el agua, empujando despacio las ovejas con las manos».
Muchas veces, viéndome encorvado sobre la labor en el oscuro taller, me proponía dejar el trabajo y despedirme. En una ocasión llegué a hacerlo así; pero el maestro no se dio por enterado, y continué trabajando sin chistar.
Con paso quedo y sin chistar avanzó muy despacio, y con un largo clavo atravesó la mano de nuestro camarada hundiéndolo luego fuertemente en el madero de la puerta.