Ejemplos ?
Ahora bien; cuando la intención no es mala, no pueden darle las volubilidades del azar un carácter de culpabilidad.» Y dicho esto, cubrí de besos sus ojos húmedos, que mantenía medio cerrados y sin brillo un apasionado deseo: yo los acariciaba con efusión, puede decirse que los devoraba amorosamente con mis labios.
Sus ojos hundidos y sin brillo, mostraban, aún así, una inmensa alegría, como si por mucho tiempo hubiesen estado martirizados y ahora tuvieran un momento de aguardada felicidad.
(Dedicado a Robert Bloch) Yo he visto abrirse el tenebroso universo Donde giran sin rumbo los negros planetas, Donde giran en su horror ignorado Sin orden, sin brillo y sin nombre.
Entró un caballero de estatura aventajada y de aspecto respetable: tenía un aire grave, los ojos sin brillo, el espinazo doblado y la barba entrecana enmarañada.
sino las dotes de un estudiante y de un soldado, las virtudes del colegio y del cuartel; el agradecimiento de un hombre común, la lealtad jurada sobre un acero sin brillo aún, y una pasión sin más mérito que ser la primera que una mujer me inspira!
En él la monarquía era una convicción honrada. Débil argumento es el de que Monteagudo, sin el apoyo de San Martín, era ya una estrella errante y sin brillo.
Era Diego Hernández lo que se llama un buen Diego. Cincuenta años y un chirlo que le tomaba frente, nariz y belfo, hacían de nuestro hombre un novio como un lucero... sin brillo.
Cuando dirigí hacia él la mirada, había concluido ya de leer la nota y en sus ojos flotaba la expresión vacía y sin brillo por donde se manifiestan al exterior los estados de abstracción meditativa.
A través de la penumbra se podían distinguir a duras penas numerosos cuerpos, tumbados en posturas extrañas y fantásticas, con los hombros encorvados, las rodillas dobladas, las cabezas echadas hacia atrás y el mentón apuntando hacia arriba; de vez en cuando, un ojo oscuro y sin brillo se fijaba en el recién llegado.
Tras de este escuadrón segundo marcha el escuadrón tercero, y Alarcón a su cabeza, cana barba, rostro serio, armas fuertes, mas sin brillo, corcel alto, duro, recio, una refornida lanza que empuña un puño de hierro; sin visera ni penacho, capacete de gran peso, y sobreveste y gualdrapa, ambas de velludo negro, sin recamadas insignias, sin divisas ni embelecos, eran, como lo era siempre, su simple y marcial arreo.
Parecían aves de las ruinas con su cabeza leprosa, y sus alas flequeadas, y su plumaje de luto, de un negro miserable, sin brillo ni tornasoles.
Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices. Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.