Ejemplos ?
Así que se lanzó a correr, y corrió hasta el límite de sus fuerzas y hasta quedar sin aliento, y hasta que las ladridos del cachorro sonaron muy débiles en la distancia.
Hirientes... llagantes. Volcánicas rocas sin aliento... —otro de los muchos exclama ardiente como profeta al pueblo—. Barbarie anímica...
Mi vida es un desierto...un rojo desierto palpitante...temeroso de seguir al futuro. Sin apoyo... sin aliento de existir... ¿Qué hacer...?
Huyendo del sonido Eres sonido mismo, Espectro de armonía, Humo de grito y canto. Vienes para decirnos En las noches oscuras La palabra infinita Sin aliento y sin labios.
Torbellinos me llevan al encuentro de ríos desesperados, cenestesia incógnita de espectros… y aunque solo en la corriente, no me ahogo… Me dejo fluir como durmiendo… mecedora sin aliento.
Les había entregado Chorrillos, que es como si el Rey Guillermo y Moltke hubieran entregado Versalles a los alemanes, después de Sedán. Grupo de mujeres perseguidas por soldados enloquecidos por el alcohol, corrían por las calles casi desnudas y sin aliento.
El que de los Inmortales que habitan las nevadas cumbres del Olimpo jura en vano vertiéndola, queda tendido sin respiración hasta que se cumple un año; y no puede acercarse a la ambrosía, el néctar ni alimento alguno, sino que yace, sin aliento y sin voz, en revestidos lechos y le cubre un horrible sopor.
otro único... favor... -dijo el cacique ya casi sin aliento, y haciendo un último y supremo esfuerzo- y después... hasta la eternidad Lucía...
Salté aprisa el muro del jardín. Las nubes pasaban rápidas por el cielo, las hojas de los árboles susurraban a mis espaldas, y corrí sin aliento.
Olvidó la leña, que quedó allí abandonada, y ayudó a levantarse a la mujer, que después le siguió con vacilante paso. La ciudad no estaba lejos, y casi llegaron a ella sin dificultad, pero antes de entrar la infeliz madre se detuvo sin aliento.
Las pobres mujeres salían sin aliento, anonadadas del templo, echando, como era natural, la culpa de aquella calamidad a los unitarios.
Rodolfo, que lo había visto de lejos, aceleró el paso; pero Madame Bovary se quedó sin aliento; él entonces acortó la marcha, y le dijo sonriendo en un tono brutal: Es para no tropezar con el gordo ése.