sillón

sillón

1. s. m. Asiento de brazos, por lo general tapizado y mullido, más cómodo que los corrientes ha puesto dos sillones nuevos en el salón. butaca
2. EQUITACIÓN Silla de montar amplia y cómoda.

sillón

 
m. Aum. de silla.
Asiento individual con respaldo y brazos.
Silla de montar en que una mujer puede ir sentada como en una silla común.

sillón

(si'ʎon)
sustantivo masculino
asiento grande y mullido para una sola persona con respaldo y brazos un sillón de cuero sintético
Traducciones

sillón

armchair

sillón

fauteuil

sillón

Sessel

sillón

křeslo

sillón

lænestol

sillón

nojatuoli

sillón

naslonjač

sillón

肘掛け椅子

sillón

안락 의자

sillón

leunstoel

sillón

lenestol

sillón

fotel

sillón

poltrona

sillón

fåtölj

sillón

เก้าอี้มีที่วางแขน

sillón

koltuk

sillón

ghế bành

sillón

SM
1. (= butaca) → armchair, easy chair (LAm) (= mecedora) → rocking chair
sillón de dentistadentist's chair
sillón de hamaca (LAm) → rocking chair
sillón de lonadeck chair
sillón de orejaswing chair
sillón de ruedaswheelchair
sillón orejerowing chair
2. [de montar] → sidesaddle
Ejemplos ?
Las tres mujeres se disputaron la dicha de pasear al Capitán Veneno en el sillón-cama: bebieron champagne y comieron dulces, así los enfermos como los sanos, y aun el representante de la medicina; el Marqués pronunció un largo discurso en favor de la institución del matrimonio, y el mismo don Jorge se dignó reír dos o tres veces, haciendo burla de su pacientísimo primo, y cantar en público (o sea delante de Angustias) algunas coplas de jota aragonesa.
Por su parte, la señora Simpson, se ajustó el sombrero, cruzó los brazos, y permaneció sentada en su sillón, adoptando una postura envarada y relamida.
Y quiero hablar con usted a solas antes de morirme... Haga usted que Rosa lo coloque en el sillón de ruedas, y lo traiga aquí... Pero procure que no despierte mi pobre Angustias...
Ya empezaba aquél a impacientarse cuando, penetrando en la sala el maestro con un paquete en la mano, sentóse en un gran sillón forrado de cuero, y -Pos sus he dicho que sus esperéis, porque tengo yo curiosidá de que me cuenten ustedes, si por fin le regalaste tú - y eso lo dijo el señor Curro dirigiéndose a Cayetano - si por fin le regalaste tú algo en su día a la nena que tú quieres.
—Mejor será la mazorca. —Silencio y sentarse —exclamó el Juez dejándose caer sobre su sillón. Todos obedecieron, mientras el joven de pie encarando al juez exclamó con voz preñada de indignación.
Me encontraba tumbado en medio de mi habitación, el cuerpo en la alfombra, la cabeza apoyada en el sillón, y De Jacquels, vestido de gala bajo una túnica de monje daba órdenes a mi atolondrado ayuda de cámara, mientras las dos velas encendidas, llegado su fin, hacían estallar sus arandelas y me despertaban...
—Esa es otra de sus singulares ideas —dijo el prefecto, que tenía la costumbre de llamar «singular» a todo lo que estaba fuera de su comprensión, y vivía, por consiguiente, rodeado de una absoluta legión de «singularidades». —Es muy cierto —respondió Dupin, alcanzando a su visitante una pipa, y haciendo rodar hacia él un confortable sillón.
—Se lo diré a usted —replicó el prefecto, profiriendo un largo, fuerte y reposado puff y acomodándose en su sillón— Se lo diré en pocas palabras; pero antes de comenzar, le advertiré que este es un asunto que demanda la mayor reserva, y que perdería sin remedio mi puesto si se supiera que lo he confiado a alguien.
Dicho esto salió, y nosotros, obedeciendo el mandato que no llegó a formular, salimos tras él. Volfani estaba en un sillón, deshecho, encogido, doblado y con la cabeza colgante.
Me sentiré muy orgulloso de su compañía durante mucho tiempo. Fernando se dejó caer melancólicamente en el sillón esterillado. Desde el bar de la terraza se distinguían, casi a sus pies, las murallas almenadas de la vieja dominación portuguesa; más allá de las almenas el espejo azul de agua de la bahía se extendía hasta el horizonte verdoso.
que no avezada al fingimiento, trémula fué, y el rostro macilento, a dar en un sillón lánguidamente; y en su errante mirada veíase en verdad su afán interno y su pavura al crimen retratada.
Le paseaba, le adivinaba los gustos, le traía juguetes y golosinas, y el chico tomaba los juguetes un momento y luego los dejaba caer, con indiferencia, a los pies del sillón en que permanecía lánguidamente sentado meses y meses.