silbador

(redireccionado de silbadoras)

silbador, a

adj./ s. Que silba.

silbador, -ra

 
adj.-s. Que silba.
Ejemplos ?
Los arqueros mongoles contaban con flechas silbadoras para hacer señalizaciones, flechas capaces de atravesar armaduras e incluso flechas acabadas en granadas.
Se reconoce un género actual y 30 especies. Se conocen vulgarmente como picas, liebres silbadoras o conejos de roca. El nombre común deriva de la palabra piika, usada por los tunguses del este de Siberia para designar a estos animales.
Su fórmula dental es Las picas son nativas de climas fríos, principalmente en Asia, América del Norte y partes de Europa oriental. Se las conoce también como liebres silbadoras, debido a su agudo grito de alerta.
Laoconte, designado por la suerte para sacerdote de Neptuno, estaba inmolando en aquel solemne día un corpulento toro en los altares, cuando he aquí que desde la isla de Ténedos se precipitan en el mar dos serpientes (¡de recordarlo me horrorizo!), y extendiendo por las serenas aguas sus inmensas roscas, se dirigen juntas a la playa; sus erguidos pechos y sangrientas crestas sobresalen por cima de las ondas; el resto de su cuerpo se arrastra por el piélago, encrespando sus inmensos lomos, hácese en el espumoso mar un grande estruendo; ya eran llegadas a tierra; inyectados de sangre y fuego los encendidos ojos, esgrimían en las silbadoras fauces las vibrantes lenguas.
-¡Siquiera el cielo a más serenos días retardará, oh niño, tu nacer!, que ahora sólo el indigno espectáculo te espera de una patria en mil partes lacerada, sangre filial brotando por doquiera, y, crinada de sierpes silbadoras, la discordia indignada sacudiendo, cual furia horrible y fea, su pestilente y ominosa tea.
Manda fabricar flechas silbadoras Y que agucen sus hierros herbolados, Y al frente de las huestes vencedoras Dictó esta sola ley a sus soldados: -«Si alguno no flechare con presteza El blanco do mi flecha se encamine Pierda como rebelde su cabeza Y su cuerpo a los perros se destine.»- Partió para la caza de leones Y al ver uno de fuerza desmedida Le disparó el mejor de sus arpones, Que por el cerro entró con honda herida.
En vano agitaría el cóndor las silbadoras alas para posar un instante sobre tu augusta cabeza; en vano las nubes conmovidas se esforzarían por eclipsar el resplandor de tu frente; y en vano el actual monarca de los Andes pretendería mirarte de igual a igual, al medir su corpulenta mole, bosquejada sobre las tersas y brillantes aguas del Pacífico.
Parece con las armas del Averno lidiarse la batalla; y balas silbadoras, bombas atronadoras, esparcida metralla, y formas ciento y diferencias miles de letales ardientes proyectiles, que cruzan encontrados sin sosiego los espacios celestes, cubren entrambas huestes con resonante bóveda de fuego.
Un hondo silencio reinaba en el que fue teatro de la sangrienta lucha, silencio que solo interrumpía el imponente estruendo de los muros al desplomarse abrasados por las silbadoras llamas, o el ronco grito del chacal que, ofuscado por el ardiente resplandor del fuego, rugía en su cueva, temerosos de lanzarse sobre los cadáveres insepultos.
de la mañana, hora en que en la mayoría de los hogares existía aún el tradicional deguste del adobo arequipeño con su “té pitiau” (té tomado con anís Nájar o pisco, en tazas con agua recién hervida en las calentadoras piteadoras o silbadoras de antaño).
Entre las forma en que aparece podemos mencionar: vasijas silbadoras, incensarios con mangos, jarras o floreros, platos con anchos bordes acanalados, cuencos trípodes y con soportes mamiformes, vasijas y miniaturas; a la vez que se modelan figurillas con los ojos perforados, algunas de ellas con los miembros o extremidades desarmables, y orejeras de barro, tubulares y huecas.