sibila


También se encuentra en: Sinónimos.

sibila

(Del lat. sibylla < gr. sibylla , profetisa.)
s. f. MITOLOGÍA Mujer a la que los antiguos atribuían poder para hacer predicciones.

sibila

 
f. Mujer sabia a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético.
mit. Sacerdotisa de Apolo, a la que se atribuía el don de la profecía.

sibila

(si'βila)
sustantivo femenino
mujer a quien los antiguos le atribuían la facultad de predecir el futuro consultar a la sibila
Sinónimos

sibila

sustantivo femenino
Traducciones

sibila

Sibylle

sibila

sibyl

sibila

sibilo

sibila

sibylle

sibila

sibilla

sibila

sibylle

sibila

sibila

sibila

Sybilla

sibila

Sibyla

sibila

Sibylle

Sibila

SFSibyl

sibila

SFsibyl
Ejemplos ?
De la sibila Erithrea, la cual, entre las otras sibilas, se sabe que profetizó cosas claras y evidentes de Jesucristo CAPÍTULO XXIV.
Y echando al suelo el haz de leña, bajó hasta meterse con los zuecos en el agua, los brazos en alto como una sibila aldeana, clamorosa, desesperada y adusta: —¡Dios Nuestro Señor quiere probarnos y saber ansí la fe que cada uno tiene en la su ánima, y la firme conciencia de los procederes!...
Como para corroborar las palabras de aquella sibila, una hora después, pasando casualmente por delante de la casa de la cruel Elvira, he ahí que la veo aparecer, bella, alegre, elegante.
Todo en ella era glacial: su piel marmórea, lisa, semejante a un témpano; su rostro impasible de sibila; su habla solemne; el mirar de sus ojos de ágata, transparentes como un vino puro.
Por todo guardián, contaba el nido aquel con la madre de Lolo, vieja sibila de cabellos blancos, incapaz; a causa de una media parálisis, de seguir a sus hijos por montes, prados y llanuras.
Estrellita de Alba no replicaba a los discursos de su cónyuge; dejábale hacer, puesto que no había otro remedio; y tira de aquí, afloja de allá, con esta sisa y con aquella, tenía engatadas sesenta y cinco onzas, que en el fondo de la arquilla del sigo XVI dormitaban, bajo la custodia de paralítica sibila de Despeñaperros.
459-535 - Ceneo (II) 12.536-579 - Periclímeno 12.580-628 - Muerte de Aquiles 13.1-398 - Las armas de Aquiles 13.399-575 - La caída de Troya 13.576-622 - Memnón 13.623-642 - El peregrinaje de Eneas (I): la partida de Troya 13.643-674 - La hija de Anio 13.675-704 - Coronas 13.705-729 - El peregrinaje de Eneas (II): Sicilia 13.730-739 - Escila (I) 13.740-897 - Galatea, Acis y Polifemo 13.898-968 - Escila (II) y Glauco 14.1-74 - Escila (III), Glauco y Circe 14.75-90 - El peregrinaje de Eneas (III): Italia 14.91-100 - Los Cércopes 14.101-153 - El peregrinaje de Eneas (IV): la Sibila 14.154-222 - Aqueménides 14.223-307 - Aventuras de Ulises 14.308-415 - Pico 14.416-440 - Canente 14.441-457 - El peregrinaje de Eneas (V)...
No la sibila muerta, o el mudo oráculo responde; que el idioma del cielo olvidó el mundo, y por ciencia maldita trocando el hombre la divina ciencia, en el banquete de su orgullo inmundo ya no descifra, por su Dios escrita, Daniel, de los humanos la sentencia.
En fin: que aquel día la enterraban. Profundamente emocionado al ver realizada la profecía de la sibila resolví acudir al funeral; ¡no podía hacer menos!
Porque Flaviano, varón esclarecido, que fue también procónsul, persona muy elegante y de una dilatada instrucción en las ciencias, hablando un día conmigo de Cristo, sacó un libro diciendo que eran los versos de la sibila Erithrea, mostrándome un lugar donde en los principios de los versos habla cieno orden de letras dispuestas en tal conformidad, que decían así: Jesus Christos Ceu Yos Soter, que quiere decir en el idioma latino: Jesus-Christus, Dei Filius Salvator; Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador del mundo.
Esta sibila, ya sea la Erithrea, o, como algunos opinan, la Cumana, no sólo no tiene en todo su poema, cuya mínima parte es ésta, expresión alguna que pertenezca al culto de los dioses falsos, sino que de tal manera raciocina contra ellos y contra los que los adoran, que parece que nos obliga a que la pongamos en el número de los que tocan a la Ciudad de Dios.
Tales profecías deben ser harto frecuentes, pues nunca faltan madres a quienes halagar ni ancianas -campesinas o no- que, viendo pasado su reino en el mundo, vuelven los ojos al porvenir. Supongo que la buena profecía valdría algo a la vieja sibila.