sevillana

sevillana

1. s. f. MÚSICA Música popular andaluza, con la que se cantan seguidillas de ritmo muy vivo.
2. DANZA Baile que se ejecuta por parejas con esta música.
Ejemplos ?
En ese año hizo venir de España a su mujer, que era una sevillana de mucho reconcomio y con toda la sal de la tierra de María Santísima.
¿Qué diferencia esencial, ni siquiera qué diferencia accidental notable, puede haber ó hay, pongo por caso, entre la cordobesa, la jaenense ó la sevillana?
Los platos se suceden unos a otros como las olas del mar embravecido: al de las perdices, arrebatado por una robusta aldeana alta de pechos y ademán brioso, le sustituye otro con pavo a medio asar; al de los conejos, levantado por los trémulos brazos arremangados de una viejezuela, otro con un jamón más salado que una sevillana.
No más que uno había tan manú y tan hábil como Telaraña: Lolo, el marido de la gitana, el gachó por quien ella dejó las comodidades de su hogar, de la casita puesta en la Cava sevillana, casi en las orillas del poético Guadalquivir.
Y cuando estaba ajeno de cuidado, como un pobre viajero fatigado, para pasar bien cómoda la noche, muellemente acostado, al arrancar el tren, subió a mi coche, seguida de una anciana, una joven hermosa, alta, rubia, delgada y muy graciosa, digna de ser morena y sevillana.
Emanación brillante del sol andaluz, la hechicera sevillana entró un día como un ardiente torbellino en la austera corte de Carlos III despertando los graves ecos de su alcázar con las risas de su inagotable alegría.
En el estío anterior me encontraba yo en Llanes, la ilustre villa asturiana, y asistí a la danza típica de los llaniscos y pensaba: "Ésta es una raza." Y poco antes había estado en Sevilla y había visto bailar a las niñas garridas del Betis la sevillana entre los repiqueteos de las castañuelas, con el honesto y limpio andar de los pies menudos sobre la alfombra de la tienda..., ésta es otra raza.
A los escritores les conviene tener siquiera una tintura de esta ciencia; para, si se les ofrece hablar de alguna parte ú órgano del cuerpo humano, no escribir adefesios como aquel autor de mis pecados, que hablando del cerebro y el diafragma estampó que en el cerebro ú en el diafragma tenemos un hueso; el cual hueso, debiendo ser como todos insensible ni mas ni menos que el hueso de una aceituna sevillana, es no obstante el alma, principio y fin de toda sensibilidad.
Ni la Inquisición sevillana, ni la tudesca Vehmgericht, ni las sociedades secretas de Italia acertaron jamás a levantar maquinaria tan formidable como la que tenía atenazado al Estado de Utah.
Es costumbre de ab initio en la plebe sevillana ir soltando saetillas en esas horas calladas; saetillas que en otro tiempo la Inquisición aguzaba para herir piadosamente en las conciencias livianas.
Y aun, cual hermosa, esplendente en mar de aromas se baña Sevilla, alcázar potente; rica perla que el Oriente dejó entre flores á España. Quizá en el alma grabado llevo tu rostro, sultana; adios queda, sevillana, aun naciente, enamorado lucero de mi mañana.
Yo desprecio sus furores; y aquí solo, sin señores, de pesadumbres ajeno, oigo el huracán sereno y canto al crujir del trueno mis amores.» «El albor de la mañana, en sus matices de rosa, me trae la imagen graciosa de mi maja sevillana, y en sus variados colores me pinta las lindas flores del suelo donde nací, donde inocente reí, donde primero sentí mis amores.» «Cuando la enemiga bala chilla medrosa a mi oído, ya mi contrario caído el alma rabioso ecsala.