servilleta

(redireccionado de servilletas)

servilleta

(Del fr. serviette.)
1. s. f. COCINA Trozo de tela o papel usado por los comensales para limpiarse la boca o las manos durante una comida colocó las servilletas enrolladas dentro de las copas.
2. doblar la servilleta coloquial Morir, acabar uno la vida.
3. estar uno de servilleta en ojal o prendida Comer convidado en casa ajena.

servilleta

 
f. Pieza de tela o papel que sirve para limpiarse las manos o los labios durante las comidas.

servilleta

(seɾβi'ʎeta)
sustantivo femenino
pieza de tela o papel usada en las comidas para limpiarse o evitar mancharse una servilleta de papel
Traducciones

servilleta

napkin, serviette

servilleta

Serviette

servilleta

serviette

servilleta

ubrousek

servilleta

serviet

servilleta

lautasliina

servilleta

ubrus

servilleta

ナプキン

servilleta

냅킨, 식탁용 냅킨

servilleta

servet

servilleta

serviett

servilleta

serwetka

servilleta

guardanapo

servilleta

servett

servilleta

ผ้าเช็ดปาก, ผ้าเช็ดปากบนโต๊ะอาหาร

servilleta

khăn ăn

servilleta

餐巾, 餐巾纸

servilleta

салфетка

servilleta

餐巾

servilleta

SFserviette, napkin
Ejemplos ?
Desdobláronse silenciosamente las servilletas, nuevas a la verdad, porque tampoco eran muebles en uso para todos los días, y fueron izadas por todos aquellos buenos señores a los ojales de sus fraques como cuerpos intermedios entre las salsas y las solapas.
En el contiguo castañar algunos grupos merendaban, resaltando las blancas servilletas como manchas de nieve entre la verde hierba deslumbrante de la campiña húmeda.
El tercer día, al encenderse el anafe, el alcohol se desparrama y se incendia una superficie de media vara del mantel. Se arroja sobre ella agua, vino, salsa inglesa, pan y servilletas, hasta extinguir el fuego.
Pero algunos, con todo, incluso tras esta veneración frutos robando, también nosotros nuestras servilletas llenamos, yo sobre todo, que con ningún lo bastante amplio regalo creía que cargaría el seno de Giton.
Y se vio de pronto venir de aquellas poblaciones gente con jumentos, caballos y carros cargados de pan y de vino, de habas y de otros alimentos, a la medida de la necesidad de los pobres de Cristo. Además de esto, traían servilletas, jarras, vasos y demás utensilios necesarios para tal muchedumbre.
Entraban en las casas; lle-gaban hasta unos pequeños altares que, cubier-tos con servilletas blancas, maravillosamente bordadas en la orillas, les habían ofrendado sus parientes; había veladoras de fulgurantes luces, pequeñas calaveras de dulce, adornadas de mil colores; grandes y apetitosos panes; frutas jugo-sas y frescas y vasos pequeños con agua pura, cristalina, además de suculentos manjares.
Tiene la casita una hermosísima mesa de caoba inglesa para comer en número considerable de personas; y su servicio completo de manteles, servilletas, cucharas, tenedores, y cuchillos de todas clases, así como un servicio completo de loza y cristales para comida, dessert, café, té y helados, inclusive tarros de estaño a la parisiense (que no están sujetos a agujerearse como los de lata que se usan en Chile) para helar, y moldes para helados.
Que sus plegarias se transformen en maldiciones; y maldecidos sean el pan y el vino, la carne y el pescado, la fruta y otros alimentos que coman; lo mismo que las casas que habitan y las vestiduras que llevan, los animales en que montan y los lechos en que duermen, y las mesas y las servilletas en que comen.
II - El almuerzo En el estrecho recinto de una franciscana celda, cómoda, aunque humilde y pobre, y de extremada limpieza, de la Rábida el prelado con sus dos huéspedes entra, y después que sendas sillas les ofrece y les presenta, abre franco y obsequioso una mezquina alacena, de donde bizcochos saca, una redoma o botella del vino más excelente que da el condado de Niebla, aceitunas, pan y queso, y tres limpias servilletas, acomodándolo todo en una redonda mesa, no lejos de la ventana que daba vista a la huerta.
-Todos en pie-. ¡Viva don Mamerto! -Las servilletas ondean como blancos gallardetes-. ¡Viva! Don Mamerto Anchoriz, acostumbrado a estas ovaciones, no se turbó un momento.
Entreme a comer en una fonda, y no sé por qué me encuentro llenas las mesas de un concurso que, juzgando por las facultades que parece tener para comer de fonda, tendrá probablemente en su casa una comida sabrosa, limpia, bien servida, etc., y me lo hallo comiendo voluntariamente, y con el mayor placer, apiñado en un local incómodo (hablo de cualquier fonda de Madrid), obstruido, mal decorado, en mesas estrechas, sobre manteles comunes a todos, limpiándose las babas con las del que comió media hora antes en servilletas sucias sobre toscas...
Las velas de los candelabros elevaban sus llamas sobre las tapas de las fuentes de plata; los cristales tallados, cubiertos de un vaho mate, reflejaban unos rayos pálidos; a lo largo de la mesa se alineaban ramos de flores, y, en los platos de anchos bordes las servilletas, dispuestas en forma de mitra, sostenían en el hueco de sus dos pliegues cada una un panecillo ovalado.