senda


También se encuentra en: Sinónimos.

senda

(Del lat. semita.)
1. s. f. GANADERÍA Camino estrecho formado por el paso frecuente de personas o ganado. sendero, vereda
2. Procedimiento o medio que se sigue para conseguir una cosa ésta es la senda que hay que seguir para conseguir nuestros objetivos. camino
3. Conducta que se sigue en la vida parece que ya está en la senda del bien. camino

senda

 
f. Camino más estrecho que la vereda, abierto principalmente por el tránsito de peatones.
fig.Camino (modo de obrar).

senda

('senda)
sustantivo femenino
1. camino estrecho que se forma por el paso de personas y animales Atravesaron el bosque por una senda llena de hojarasca.
2. recorrido imaginario que conduce a un determinado objetivo la senda del éxito
Sinónimos

senda

sustantivo femenino
1 sendero, camino, vereda, derrota*.
«Senda y vereda significan igualmente el camino estrecho y poco trillado, diferente del real. Pero vereda no deja de explicar más positivamente un camino algo más ancho y frecuentado, una comunicación más conocida y hecha más de intento para servir de atajo o travesía. Senda da idea de un camino más estrecho, menos conocido, cuyo uso se debe más al acaso o al abuso que al arte o al cuidado.»
José López de la Huerta
3 (parte de una vía de circulación) (Cuba, Uruguay) carril.
Traducciones

senda

semĭta

senda

Pfad

senda

pad

senda

caminho

senda

路径

senda

路徑

senda

Cesta

senda

sti

senda

polku

senda

경로

senda

SF
1. (= sendero) → path, track
2. (para conseguir algo) → path
3. (Cono Sur) (Aut) → lane
Ejemplos ?
¿No se deduce necesariamente de este principio, continuó Sócrates, que los verdaderos filósofos deben pensar y decirse entre ellos: para seguir sus investigaciones, la razón sólo tiene una senda: mientras tengamos nuestro cuerpo y nuestra alma esté contaminada de esta corrupción, jamás poseeremos el objeto de nuestros deseos, es decir, la verdad?
Durante algunos minutos exploraron sus ojos la radiante lontananza, sin que quedara senda que no exploraran, pero convencida la moza de que por ninguna de ellas venía el que con tanta ansiedad esperaban, y corno ya el cansancio hacía flaquear sus piernas, dejose caer en una vieja poltrona colocada junto al murete.
La verdad te la decimos Nosotras. Creerás en ella, Dicen las ranas furiosas. ¿Por qué quise ver la senda? Gime el caracol. Sí creo Por siempre en la vida eterna Que predicáis...
Durante algunos minutos avanzó por una senda casi invisible a los ojos de los menos expertos, y al llegar a un enorme hacinamiento de rocas, llevose los dedos a los labios y dejó escapar un silbo agudo que resonó como modulado por un mirlo en los zarzales.
Sus patitas parecen alambres aterciopelados y su cabeza, ¡Ah, su cabecita!, un simpático alfiler dorado. Sigue tu senda, cucarachita.
Nos hallamos en los principios de la senda colocada frente a nuestros ojos, y es necesario recorrerla hasta el fin, en todas sus escabrosidades, a costa de todos los sacrificios, como corresponde a nuestra historia y a nuestros antecedentes nunca desmentidos ni manchados.
Solas las entradas son pedregosas y ásperas, y que parece están sin senda, al modo que sucede a los que de lejos miran las montañas, que se les representan ya quebradas y ya unidas, porque la distancia larga engaña fácilmente la vista; pero en llegando más cerca, todo aquello que el engaño de los ojos había juzgado por unido, se va poco a poco mostrando dividido; y lo que desde lejos parecía despeñadero, se descubre en llegando ser un apacible collado.
Pero ahora, y en presencia de este movimiento reaccionario iniciado por la juventud, he comprendido mi error, y al comprenderlo me complazco en exhortar a esta misma juventud valiente y decidida, a continuar con orgullo la senda que señalaron con su sangre y con su ejemplo todos nuestros gloriosos antepasados !
Por fin ante mis ojos apareció la salida… Yo me encontraba a la expectativa, como en guardia, cuando de pronto a mi espalda sentí que una puerta había aparecido para cerrar la senda de regreso, impidiéndome volver atrás.
Y el caracol, pacífico Burgués de la vereda, Ignorado y humilde, El paisaje contempla. La divina quietud De la Naturaleza Le dio valor y fe, Y olvidando las penas De su hogar, deseó Ver el fin de la senda.
Observando las tonalidades del atardecer, exploraba el pasado como si quisiera detener el transcurso de su existencia. Y algo le hacía sentir como una ave desterrada y fugitiva, lejana de la ruta de oro y de la senda de la luz.
Les da la orden de ir por los senderos que París unen con el mar picardo, y que en pro hagan de la que es sitiada por San Martín y San Dionisio entrada. El porte de los carros y aparejos por esta senda manda que hecho sea.