semidiós

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semidiós, a

1. s. MITOLOGÍA Héroe, hijo de un dios y una persona.
2. MITOLOGÍA Héroe o heroína de la mitología clásica que era elevado a la categoría de dios por sus hazañas. semideo
3. Persona que goza de gran admiración.

semidiós, -diosa

 
m. f. Ser humano divinizado.

semidiós, -diosa

(se'miðjos, -ðjosa)
sustantivo masculino-femenino
1. hijo de un ser humano con un dios Hércules era un semidios.
2. persona que es considerada como un dios por sus proezas Maradona es un semidios para los argentinos.
Sinónimos

semidiós

, semidiosa
sustantivo
Traducciones

semidiós

semidio

semidiós

Halbgott

semidiós

halfgod

semidiós

semideus

semidiós

Demigod

semidiós

SMdemigod
Ejemplos ?
Si volvemos ahora los ojos al pueblo de Dios, nos causará maravilla la grandeza y la novedad del espectáculo. El pueblo de Dios no trae su origen ni de semidioses ni de reyes; desciende de pastores.
-En efecto, algo extraño debía parecer a estos salvajes, que habían vivido luengos siglos sin conocer otros hombres que los de su raza, ver caer sobre su tierra una falange poderosa, que como llovida del cielo se encontraba señora de la isla con usos y costumbres enteramente opuestos, con una aureola de semidioses, y de cuya existencia jamás habían tenido ejemplo ni noticia.
Todas las religiones, con sus dioses, sus semidioses y sus profetas, sus Mesías y sus santos, han sido creadas por la fantasía crédula de los hombres, no llegados aún al pleno desenvolvimiento y a la plena posesión de sus facultades intelectuales; en consecuencia de lo cual, el cielo religioso no es otra cosa que un milagro donde el hombre, exaltado por la ignorancia y la fe, vuelve a encontrar su propia imagen, pero agrandada y trastrocada, es decir, divinizada.
Los filósofos antiguos pensaban que el espíritu profético lo bebían algunos hombres privilegiados en ciertos vapores sutiles que la madre tierra echa de sí en sus horas de pureza, fecundada por los rayos del sol: de este modo hay una ciencia que estudian los individuos extraordinarios, no en aulas, no en universidades, sino en el gran libro de la naturaleza, cuyos caracteres, invisibles para los simples mortales, están patentes a los ojos de esos semidioses que llamamos genios.
La gente de hoy, demasiado inteligente para ser inducida a engaño por semidioses o para que estos puedan abusar de ella para fines egoístas, está preparada, por otro lado, para comprender y seguir con entusiasmo el mejor liderazgo en cada caso.
Porque si, al dejar los jueces prevaricadores de este mundo, se encuentran en los infiernos los verdaderos jueces, que se dice que hacen allí justicia, Mines, Radamanto, Eaco, Triptolemo y todos los demás semidioses que han sido justos durante su vida, ¿no es este el cambio más dichoso?
Leandro Gómez y Piris, semidioses de la moderna edad, en la batalla creció, creció vuestra soberbia talla, se volvió vuestro nombre colosal; porque el genio, el valor y la nobleza crecen como los cedros, en la altura, y su riego de vida y de frescura es la saña feroz del vendaval!
El politeísmo griego, tal cual fue establecido desde los primeros años de los Pelasgos, tiene la misma organización que la jerarquía de deidades enseñada por los Vedas: los dioses, semidioses y héroes, la personificación de los elementos en la naturaleza y de la vida; se haya establecida así en las tradiciones de los aborígenes de la Grecia, como los libros de las familias arianas.
Mira a los hábiles sofistas, que todos los días componen sendos discursos en prosa en loor de Hércules y otros semidioses, y para no citar más que un nombre me referiré al famoso Prodikos, y no es algo que pueda sorprenderos.
¿Olvidaré acaso que fue en el seno mismo de Grecia en donde se vio surgir esa ciudad tan célebre por su feliz ignorancia, cuanto por la sabiduría de sus leyes; república de semidioses más bien que de hombres, tanto así nos parecían sus virtudes superiores a la humanidad?
La vejez, al apagar los instintos y pasiones que perturban nuestra vida, da a esos hombres una serenidad de semidioses, prolongando su vista al través de las tinieblas y prejuicios que nos rodean.
Pero cuando hubieron muerto los más valientes teucros, de los argivos, unos perecieron y otros se salvaron, la ciudad de Príamo fue destruida en el décimo año, y los argivos se embarcaron para regresar a su patria; Poseidón y Apolo decidieron arruinar el muro con la fuerza de los ríos que corren de los montes ideos al mar: el Reso, el Heptáporo, el Careso, el Rodio, el Gránico, el Esepo, el divino Escamandro y el Simois, en cuya ribera cayeron al polvo muchos cascos, escudos de boyuno cuero y la generación de los hombres semidioses.—Febo Apolo desvió el curso de los ríos y dirigió sus corrientes a la muralla por espacio de nueve días, y Zeus no cesó de llover para que más presto se sumergiese en el mar.