señoril

señoril

adj. Del señor.

señoril

(seɲo'ɾil)
abreviación
que es del señor o está relacionado con él rasgos señoriles
Ejemplos ?
El Zurdo miró fijamente al joven, en quien encontraba rasgos de la conocida fisonomía paternal: el ceño algo severo, el arranque del pelo muy bajo, los ojos garzos, claros; el gesto reservado y señoril.
En todas las cosas hablan y no entienden ninguna; andan juntos de tres arriba; usan de valentía con el yesero que les ensucia el ferreruelo, con el chirrionero porque güele mal, con el aguador porque no hizo lugar; tratan ásperamente los miserables, y todos traen la espada a la jineta, la daga a la brida con listón de que usan también a falta de cadena, y es la acción más señoril de todas.
Sentada en la bocacalle, al margen de la acera, procurando no estorbar con su humilde comercio a los transeúntes, en primavera, vendía lilas, clavellinas y rosas «de olor»; pero apenas asomaba el frío, saliendo a relucir las primeras «pañosas», establecía su puesto de castañas asadas, y allí la tenían los chiquillos golosos de la escuela y los estudiantes que van a la Universidad y al Instituto, despachando la mercancía con una afabilidad y un desinterés señoril...
Con hermana y cuñado veranea En quinta señoril, sobre un ribazo, Asiento y gracia de salubre aldea. Y no para en el rústico regazo; Y es como una paloma que aletea Por eludir o quebrantar un lazo.
«¡Pardiez! -dijo el otro-, ¿no me habéis pintado en traje que un tiempo fue muy señoril, y agora le viste sólo un alguacil? Cual me retratasteis, tal os he pagado.
En una revista extranjera de gran circulación se afirma que el pueblo se ha separado en España del sacerdote porque éste se recluta en la clase señoril; y que no quiere bautizar a sus hijos por los crecidos derechos de administración del Sacramento.- A lo primero respondemos que las vocaciones en los distintos Seminarios de España están reclutados en la siguiente forma: Número total de seminaristas en 1935: 7401; nobles, 6; ricos, con un capital superior de 10.000 pesetas, 115; pobres, o casi pobres, 7280.
Señoras de rumbo, cuales deben ser las que componen estas fiestas, en casas tan principales como la de don Antonio Moreno; niñas en quienes inocencia y delicadeza no pueden ir separadas; hermosas que obligan a la consideración y el respeto con el porte elevado y señoril, no son para burlarse de un pobre loco, así, como gente de escalera abajo, con tanta ordinariez y grosería, y menos cuando el caballero es huésped de la casa, circunstancia que imprime en él carácter de sagrado.
Ab-el-Korda fue el primero en felicitarla: el conde de la Espina y Marquesi al oír la noticia se alejó del comedor para regresar pocos minutos después con un hermoso collar de perlas falsas que le ofreció con el más señoril de los ademanes.
Mostró Currito al cantar inspiración tan amorosa y miró con ojos tan de carnero a medio morir a doña Ramona, que estaba sentada cerca de él, que doña Ramona no acertó a dominarse por más tiempo; sintió que se derretía y hasta que se evaporaba el hielo de sus desdenes; y, desechando sus propósitos de resistencia y echando a rodar hasta cierto punto su señoril o magistral recato, dijo dirigiéndose a Currito: -Vamos, hombre, si al fin ha de ser, no quiero molestarte más.
Su pinta señoril no escapó a la primera ojeada de aquellos hidalgos montañeses, preocupados del linaje con absorbente prolijidad.
La Princesa sonrió con aquella amable ironía que al mismo tiempo mostraba señoril y compasivo afecto por el mayordomo: -Xavier, tienes que ver su última obra: ¡El Paso de las Caídas!
Es una casa de tres ventanas donde la madre luce sus canas como argumento de algo gentil, y unos modales llenos de gracia que hacen más grave la aristocracia del aire místico y señoril.