Ejemplos ?
No la vio nunca; pero oyó en cambio el murmullo resonante con que la seño­ra y sus dos hijas rezaban todas las noches el rosario.
Las mujeres comunes alzaban despectivas las cejas o fruncían el seño envidiándola, pero ninguno, ni los ingenuos, dejaba de quedar estupefacto ante aquella Venus en movimiento.
Acaso la emperifollada pensaba en la manera de obtener las entradas con suma facilidad y lo más rápidamente posible. Así veía a su rededor como si buscara a alguien que la salvara de su tribulación y fruncía el seño.
Qué frecuentes descuidos de algunos olvidadizos. Y luego dicen que por qué frunzo el seño y soy tan franco. Abro el cofre y descubro una fruta fría.
Al decir esto se apresuró a coger la niña, que por su parte no anduvo reacia en irse a los robustos brazos del ama, la cual, previo un «con el permiso de ucencia...», desabrochó el justillo, alzó el pañuelo de vivos colores que se cruzaba sobre su seño de Cibeles, y metiendo en la boquita del ángel lo que éste más deseaba, volvió a cubrirse con tanto recato como si delante de un regimiento se encontrase.
Me siento debajo de un fresno y ahora que no hace frío, me froto entusiasmado la frente para sentir la frescura de mi fructífero encuentro. Por hoy no frunzo el seño, pues esta frutilla tan refrescante, me ofrece su sabroso tesoro frutal.
Enarcan las cejas como quien dice yo no fui; fruncen el seño cual si se salvaran inmaculados de la porquería en la que se baten; sus labios sonríen en un rictus que oscila entre el placer de calumniar por desconocida venganza y sin mancharse las manos en su resentimiento; y luego de sus palabras sierpes, su mirada refulge el dulce goce de lanzar venenos; facilón ritual de envidias así satisfechas, o casi.
Morán quiso disculparse de la hora, por la circunstancia de volver a caballo, y sin reloj, de la confluencia del Isondú. La noche lo había sorprendido. —Pues usted se sienta aquí —dijo la seño­ra—. Y en penitencia va a comer mal.
Cuando el anciano los vio, se saludaron con mucha reverencia y uno de los abuelitos sabios de TENOCHTITLAN le dijo con dulces y claras palabras: -Venerable HUEHUETZIN, abuelito nuestro, de seño maduro y sabio, aquí hemos llegado tus siervos al lugar donde es obedecida tu palabra y reverenciado el aliento de tu boca, porque nos envía MOCTECUHZOMA ILHUICAMINA y su consejero TLACAELEL, gran CIHUACOATL organizador de la grandeza TENOCHCA.
Primero Dios… y salimos de esta si-tuación… Ahora espero obtener un premiecito… La mujer frunció el seño y con un suspiro estrafalario dejó escapar su ira.
Sólo abuelita tenía y una serpiente por tía que envidiosa del pequeño, arrugando siempre el seño se devanaba cual pocos para apagarle los focos y arrebatarle la plata fingiéndose la muy beata.
Contiene 8 textos: «Country»; «Estaqueados» (reedeción con nuevo título de «Así, todavía»); «La seño»...