santísimo

(redireccionado de santísimos)

santísimo, a

1. adj. RELIGIÓN Se aplica al papa como tratamiento honorífico.
2. el Santísimo RELIGIÓN Cristo en la eucaristía.
3. descubrir o manifestar el Santísimo RELIGIÓN Exponerlo a la pública adoración de los fieles.
4. hacerle la santísima Mortificar a una persona, causarle molestias.

santísimo, -ma

 
adj. Sup. de santo.
liturg. El Santísimo. Cristo en la eucaristía.

santísimo, -ma

(san'tisimo, -ma)
sustantivo masculino-femenino
religión nombre dado a Cristo en la Eucaristía adorar al Santísimo
Traducciones

santísimo

A. ADJ SUPERLholy, most holy
B. SM el Santísimothe Holy Sacrament
C. SF hacer la santísima a algn (= jorobar) → to drive sb up the wall; (= perjudicar) → to do sb down
Ejemplos ?
Todo es desierto. Detrás de mis santísimos ancianos saliendo han ido del sagrado huerto mis amantes dulcísimos hermanos... ¡Los he visto morir, y yo no he muerto!
Ni más respetuosamente que sobre la tradición sienten los modernistas sobre los santísimos Padres de la Iglesia, a los cuales, con suma temeridad, proponen públicamente, como muy dignos de toda veneración, pero como sumamente ignorantes de la crítica y de la historia: si no fuera por la época en que vivieron, serían inexcusables.
Y de la misma manera que aquellos santos apóstoles admiraron al mundo por su santidad y estuvieron llenos del Espíritu Santo, así también los santísimos compañeros de San Francisco fueron hombres de tan gran santidad, que desde el tiempo de los apóstoles no ha conocido el mundo otros tan admirables y tan santos.
El Espíritu Consolador, habiendo enriquecido al género humano en las Sagradas Letras para instruirlo en los secretos de la divinidad, suscitó en el transcurso de los siglos numerosos expositores santísimos y doctísimos, los cuales no sólo no dejarían infecundo este celestial tesoro(1), sino que habían de procurar a los fieles cristianos, con sus estudios y sus trabajos, la abundantísima consolación de las Escrituras.
«Pero, Dios, nos dice, es rey engendrador, rey, ante todas las cosas, de quien tiemblan el cielo, la tierra y el mar y tienen temor los abismos de los infiernos, y los mismos dioses, cuya ley es el Padre a quien adoran y reverencian los santísimos hebreos.» Por este oráculo de su dios Apolo, dijo Porfirio que era tan grande el Dios de los hebreos, que temblaban de él los mismos dioses.
Esta diferencia ha sido perfectamente bien reconocida por los santísimos y doctísimos Padres, como lo prueba el modo como combatieron numerosos argumentos, o por mejor decir, numerosas doctrinas filosóficas audaces, y como lo señalan también, en más de uno de ellos, declaraciones bien manifiestas; es así como hallamos en San Agustín las siguientes declaraciones: «Debemos tener por indudable que todo lo que los sabios de este mundo pueden demostrar con documentos veraces sobre la naturaleza de las cosas, en nada se opone a los libros divinos.
Esto me viene de los ojos del Dios altísimo, que miran en todas partes a buenos y malos, y esos ojos santísimos no han visto, entre los pecadores, ninguno más vil ni más inútil, ni más grande pecador que yo.
Entonces, el hermano Juan, con mayor ardor y deseo, fue en seguimiento de Cristo; cuando le alcanzó, Cristo bendito se volvió a él y lo envolvió en una mirada llena de gozo y de gracia, y, abriendo sus brazos santísimos y misericordiosísimos, lo abrazó con gran ternura.
Cuál sea el origen la índole y excelencia de la ciencia escolástica, es útil aquí, Venerables hermanos, mostrarlo más difusamente con las palabras de sapientísimo varón, nuestro predecesor, Sixto V: «Por don divino de Aquél, único que da el espíritu de la ciencia, de la sabiduría y del entendimiento, y que enriquece con nuevos beneficios a su Iglesia en las cadenas de los siglos, según lo reclama la necesidad, y la provee de nuevos auxilios fue hallada por nuestros santísimos mayores la teología escolástica, la cual cultivaron y adornaron principalísimamente dos gloriosos Doctores, el angélico Santo Tomás y el seráfico San Buenaventura, clarísimos Profesores de esta facultad...
Pediremos, pues, a los santísimos apóstoles de Cristo, que fueron perfectos amadores de esta perla evangélica, que nos alcancen esta gracia de nuestro Señor Jesucristo: que nos conceda, por su santa misericordia, hacernos dignos de ser verdaderos amadores, cumplidores y humildes discípulos de la preciosísima, amadísima y angélica pobreza.
Tiene sede canónica en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y su sede social en Plaza de la Marina española, local 70. La iniciativa nace en el año 1.999 alrededor del Santísimos Cristo de las Lágrimas, obra de Miguel Arjona.
Benedicto XVI lo creó cardenal en el consistorio del 20 de noviembre de 2010, de la Diaconía de los Santísimos Nombres de Jesús y María en Vía Lata.