Ejemplos ?
Rea, entregada a Cronos, tuvo famosos hijos: Hestia, Deméter, Hera de áureas sandalias, el poderoso Hades que reside bajo la tierra con implacable corazón, el resonante Ennosigeo y el prudente Zeus, padre de dioses y hombres, por cuyo trueno tiembla la anchurosa tierra.
Allá arriba, diminutos, los chicos de Subercasaux se aproximaban tanteando las piedras con el pie. Y seguros, por fin, se sentaban a dejar jugar las sandalias sobre el abismo.
“¡Bien! No os aflijáis”, dijo Pluvioso. En seguida produjo fuego sacando fuego de sus sandalias. Entonces Brujo del Envoltorio. Brujo Nocturno.
Hoy creo, sinceramente, que a no haber sido por la interferente institución del Consejo Nacional de Gobierno con su fecunda organización bipartidaria y por ello amiga de la publicidad, este Convenio habría llegado a nuestro ámbito calladamente, calzando sandalias de tela o de goma.
Mientras los niños moros recortaban las sandalias, Ibu recordaba pensativamente el compacto cariño de Rahutia y sus caricias espesas.
Un gran vestido de seda flexible y azulada, combinado con unas pequeñas sandalias de zafiros, hacía de aquella aparición una visión extraída de los cuentos nórdicos maravillosos que había escuchado cuando niño.
98 Contra ti, si contra alguien, decirse puede, pútrido Victio, esto que de los palabreros se dice y de los fatuos. Con esa lengua, si el caso te venga a ti, podrías culos y sandalias lamer campesinas.
Sin embargo, los corazones estaban ya marchitos, torpes los ojos, y la embriaguez llegaba, según la expresión de Rabelais, hasta las sandalias.
Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; 6.9. sino: Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.
Y se me ocurrió, lo primero, que los claustros se habían hecho para los religiosos que llevaban sandalias, y comencé a pisar quedito, porque hasta mí me escandalizaba el ruido que hacía, siendo tan pequeño, en aquel edificio tan grande.
Le vi calzarse apresuradamente un par de sandalias, arremangarse, y con gesto confiado ponerse a la cabeza del equipo vencido como César reagrupando a sus soldados en Dirraquio.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos cuando a la cocina iba con los legos. Y cuando Francisco su oración hacía, el lobo las pobres sandalias lamía.