san Jerónimo

Jerónimo, san (Hieronymus)

 
(342?-420) Padre y doctor de la Iglesia. Comentó diversos libros de la Biblia y realizó una cuidadosa versión latina de la misma (Vulgata). Además de sus cartas son importantes sus obras: De viris illustribus y Cronica.
Ejemplos ?
Ganivet asistió a mis ejercicios todos y yo a los suyos, y todos los días de aquellos alegres y claros de Mayo y Junio, nos reuníamos después de almorzar en el café, y después de haber concluido los ejercicios, a media tarde, nos íbamos a tomar sendos helados -de que, como yo, era goloso- a una horchatería de la Carrera de San Jerónimo y desde allí al Retiro.
Triunfando, pues, de lo que no quisiéramos, volvimos a casa, y, secretamente, tomando todos los dineros que podimos, nos fuimos a San Jerónimo, esperando el día, que descubriese lo sucedido y las presunciones que se tenían de los matadores.
Acerca del Salvador del género humano, ningún texto tan fecundo y conmovedor como los que se encuentran en toda la Biblia, y por esto ha podido San Jerónimo afirmar con razón «que la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo»(11), en ellas se ve viva y palpitante su imagen, de la cual se difunde por manera maravillosa el alivio de los males, la exhortación a la virtud y la invitación al amor divino.
Y en lo concerniente a la Iglesia, su institución, sus caracteres, su misión v sus dones se encuentran con tanta frecuencia en la Escritura y existen en su favor tantos y tan sólidos argumentos, que el mismo San Jerónimo ha podido decir con mucha razón: «Aquel que se apoya en los testimonios de los libros santos es el baluarte de la Iglesia»(12).
Ni menos gloria consiguió por el mismo motivo Ireneo, mártir invicto y Obispo de la iglesia de Lyón, quien refutando valerosamente las perversas opiniones de los orientales diseminadas merced a los gnósticos por todo el imperio romano, «explicó, según San Jerónimo, los principios de cada una de las herejías y de qué fuentes filosóficas dimanaron»(18).
Y si nadie, en realidad, puede tirar la primera piedra; y si es falso como un Partido reaccionario y tradicionalista decía todavía hace algunos años; que la inteligencia y la cultura y la técnica estaban en sus filas; nosotros, lejos de alardear acerca de que el talento y la cultura y la técnica están sirviendo al poder en la Revolución o al Partido en el poder, con modestia, con auténtica convicción hablarnos de una conjugación de esfuerzos Son éstas, estimados correligionarios, algunas reflexiones que dejo a ustedes que exactamente hoy, que justamente en este olía hace tres años, ocurrieron primero a la Secretaría de Gobernación y luego al pueblo de San Jerónimo, a ofrecerme la candidatura, que con tan profunda convicción acepté.
Esta especie de religioso combate fue usado por el mismo Apóstol de las gentes, como lo recuerda San Jerónimo escribiendo a Magno: «Pablo, capitán del ejército cristiano, es orador invicto, defendiendo la causa de Cristo, hace servir con arte una inscripción fortuita para argumento de la fe; había aprendido del verdadero David a arrancar la espada de manos de los enemigos, y a cortar la cabeza del soberbio Goliat con su espada» (14).
Siempre que Santiago lograba ver juntos algunos reales, desaparecía de Lima e iba a vivir en los cerros de Amancaes, San Jerónimo o San Cristóbal, que están a pocas millas de la ciudad.
El primer lugar entre ellos, por consentimiento unánime, corresponde a San Jerónimo, a quien la Iglesia católica reconoce y venera como el Doctor Máximo concedido por Dios en la interpretación de las Sagradas Escrituras.
La llama «Catédra de Pedro», porque está ocupada por el sucesor de Pedro; «Iglesia principal», a causa del principado conferido a Pedro y a sus legítimos sucesores; «aquella de donde ha nacido la unidad», porque, en la sociedad cristiana, la causa eficiente de la unidad es la Iglesia romana. Por esto San Jerónimo escribe lo que sigue a Dámaso: «Hablo al sucesor del Pescador y al discípulo de la Cruz...
Próximos a celebrar el decimoquinto centenario de su muerte, no querernos, venerables hermanos, dejar pasar una ocasión tan favorable sin hablaros detenídamente de la gloria y de los méritos de San Jerónimo en la ciencia de las Escrituras.
Cura de San Jerónimo, por los ataos de 1642, era un fraile dominico muy mucho celoso del bien de sus feligreses, a los que cuidaba así en la salud del alma como en la del cuerpo.