salutación


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salutación

1. s. f. Acción y resultado de saludar. saludo
2. RELIGIÓN Parte del sermón de la liturgia católica en que se saluda a la Virgen.
3. salutación angélica RELIGIÓN 1. La que hizo el arcángel san Gabriel a la Virgen cuando le anunció la concepción del hijo de Dios. 2. Oración del avemaría.

salutación

 
f. Saludo.

salutación

(saluta'θjon)
sustantivo femenino
acción y efecto de saludar salutaciones de Navidad
Sinónimos

salutación

sustantivo femenino
Traducciones

salutación

SFgreeting, salutation
Ejemplos ?
Saludaos los unos á los otros con ósculo santo. 21 La salutación de mí, Pablo, de mi mano. 22 El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema.
Colocó a la madre y al hijo en una casa, situada en el camino de la capital del reino, y la encargó que al llamar no abriese si no escuchaba al mismo tiempo la salutación angélica.
Cuando rayó la aurora, la infeliz mujer se levantó debilitada por el insomnio y el dolor, y pronunció las palabras de la salutación angélica: -¡Ave María Purísima!
Pero los sacerdotes fueron al templo, a la hora de la salutación, y Zacarías no fue en su busca, para bendecirlos, según costumbre.
Tan atractiva había quedado, más que antes, que cuando salió a la calle, en medio de la multitud que aclamaba el paso del caudillo, no alcanzó a percibir que la mirada de éste se había distraído de la salutación a sus fanáticos, al surgir en sus deseos, las ganas de tenerla cerca.
Un mar de manos agitando sus boletos de entrada se quedó navegando en el aire. El Papa ha de haber creído que eran pañuelos blancos en señal de salutación a su pureza.
SESIÓN DE CLAUSURA Una vez finalizados todos los trabajos, el nuevo Secretario General realizará una salutación y declarará clausurado el Congreso.
Responde, animal -ésta fue la salutación que, sacudiéndole el brazo violentamente, dirigió al pobre escudero, el cual, después de mirarlo un buen espacio de tiempo con los ojos espantados y estúpidos, le contestó con voz entrecortada por la sorpresa: -En esta casa vive el muy honrado señor don Alonso de Valdecuellos, montero mayor de nuestro señor el rey, que, herido en la guerra contra moros, se encuentra en esta ciudad reponiéndose de sus fatigas.
-Elegido del grande espíritu -exclama al verle el caudillo, inclinando la frente-, que el enojo de Schiwen no se amontone sobre tu cabeza como las brumas en las cimas de los montes. -Hijo de los mortales -replica el anciano sin responder a su salutación-, ¿que me quieres?
Repuesto el indulgente lector de la sorpresa que le habrá causado tan extraña salutación, llegamos a la escalerilla, cuya puerta nos abre, entre mil reverencias, el sanguinario pedagogo; subimos media docena de toscos escalones, y entramos al fin en una pequeña sala donde nos hallamos al conocido alcalde de los largos colmillos, sentado ante la única mesa que allí hay, y a su derecha, pero de pie y a respetuosa distancia, al alguacil del concejo.
En ese momento, la campana lejana de uno de los pueblos de la costa o de las aldeas perdidas en los recovecos de la montaña dejó sonar los primeros tañidos de la Salutación angélica.
Ya estaban cerradas todas las puertas y subía de los hogares un humo tenue y blanco que se disipaba en la claridad del crepúsculo como salutación patriarcal.