salmista

salmista

1. s. m. y f. RELIGIÓN Persona que compone salmos.
2. RELIGIÓN Persona que canta los salmos y horas canónicas en las catedrales y colegiatas.
3. s. m. RELIGIÓN Denominación que recibe el profeta David.

salmista

(sal'mista)
sustantivo masculino
religión persona que compone o que canta salmos Es el mejor salmista de la congregación.
Traducciones
Ejemplos ?
Es es pues muy natural que se emplease también este signo para honrar a la divinidad.: En todo el oriente - dice San Gerónimo- se encienden cirios en las iglesias en medio del día, no para disipar las tinieblas sino en señal de alegría y a fin de representar por medio de esta luz sensible la luz interior de que habló el Salmista cuando dijo: «Vuestra palabra, Señor, es una antorcha que me ilumina y dirige mis pasos por el camino de la virtud».
Pues todos estos vegetales, aunque no sientan, con todo se dice que viven y, por consiguiente, pueden morir; así pues, siempre que las hicieren fuerza las podrán matar, en comprobación de esta doctrina, el apóstol de las gentes, hablando de semejantes semillas dice: «Lo que tú siembras no se vivifica si no muere primero»; y el salmista dijo: «matóles sus vidas con granizo».
CAPITULO PRIMERO De los que dicen que adoran a los dioses, no por esta vida presente, sino por la eterna Ahora, pues, porque según lo pide nuestra promesa habremos también de refutar y desengañar a los que intentan defender que debe tributarse adoración a los dioses de los gentiles, que destruyen la religión cristiana, no por los intereses y felicidades de esta vida, sino por la que después de la muerte se espera, quiero dar principio a mi discurso por el verdadero oráculo del salmista rey...
Porque la condición de estos libros no es común, sino que, por haber sido dictados por el mismo Espíritu Santo, contienen verdades muy importantes, ocultas y difíciles de interpretar en muchos puntos; y por ello, para comprenderlos y explicarlos, tenemos siempre necesidad de la presencia de este mismo Espíritu(26), esto es, de su luz y de su gracia, que, como frecuentemente nos advierte la autoridad del divino salmista, deben ser imploradas por medio de la oración humilde y conservadas por la santidad de vida.
Y que por la plata se entiende la palabra o divina doctrina nos lo muestra el salmista donde dice: «Qué la palabra de Dios es palabra pura y casta, es plata, acendrada y acrisolada al fuego.» ¿Qué es lo que dice el que viene a adorar al sacerdote de Dios y al sacerdote que es Dios?
En esta circunstancia, el señor Naidath, que tenía una fuerza espantosa, estuvo a la altura de las circunstancias, y como recomienda el salmista, habló poco y obró mucho.
Esta justicia de Dios, que nos da la gracia sin méritos nuestros, no la conocen aquellos judíos que intentan establecer su justicia y por eso no están sujetos a la justicia de Dios, que es Cristo; en cuya justicia se halla mucha de la dulzura de Dios, por la cual dice el salmista: «Gustad y ved cuán dulce es el Señor.» Y en gustando de ella en esta peregrinación, no nos hartamos, antes si tenemos hambre y sed de ella para satisfacernos completamente después, cuando le viéremos, cómo es en sí y se cumpla lo que dice la Escritura: «Me hartaré cuando se me manifestare tu gloria.» Así declara Cristo la grande abundancia de su dulzura a los que esperan en Él.
semejantes costumbres perversas, errores y herejías, padecen persecución los que quieren vivir piadosamente en Cristo, aunque ninguno les atormente ni aflija el cuerpo; porque la padecen, no en el cuerpo, sino en el corazón. Por eso dijo el salmista: «conforme a la muchedumbre de los dolores de mi corazón», y no dijo de mi cuerpo.
Por otra parte, como se sabe que son inmutables e invariables las promesas divinas, y que dice el Apóstol: «Que sabe ya Dios los que son suyos, y que de los que conoció y predestinó a hacerlos conformes a la imagen de su hijo», ninguno puede perderse; por, eso añade el salmista: «y alegraron mi alma tus consuelos».
Allí jugábamos al jito y a la catona, hasta sudar la gota de medio adarme; también jugábamos a las guerrillas y al rodrigón, juegos muy en uso entonces, que los había traído un salmista de Cervatos, emigrado por cierto pique que tuvo con un prebendado de aquella Colegial.
Y por más que a la rectora alaba, y a las novicias, y a la que el órgano toca, y a las que cantan en coro, y a la salmista que entona, y hasta a la vieja beata que afuera pide limosna, es inútil su destreza, nada adelanta ni logra: siempre a sacar viene en limpio noticias que no le importan: la novena de Santa Ana, el sermón del padre Acosta, la nueva casulla verde, la falda de Santa Rosa, cosas de que gusta el padre, que es viejo y que tiene gota, pero que al hijo concluyen por remontarle la cólera, y al cabo sale diciendo: «¡Bruja condenada y chocha, que nunca responde acorde ni dice cosa con cosa!» Desistió, pues, del empeño, mas fue temporada corta, merced a un nuevo incidente que al cabo picó en historia.
Anunciad y evangelizad a las gentes su gloria, y todos los pueblos sus maravillas, porque es grande el Señor y digno de alabanza sobremanera, y más terrible que todos los dioses; porque todos los dioses de los gentiles son demonios, pero el Señor hizo los Cielos.» El que se dolía de que había de venir tiempo en que se desterrase del mundo el culto y religión de los ídolos y el dominio que tenían los demonios sobre los que le adoraban, instigado del espíritu maligno, quería que durase siempre esta cautividad, la cual concluida, canta el Salmista rey que se va edificando la casa en toda la tierra.