Ejemplos ?
La María Pipí ó barragana del enemigo malo nos jugó la barajita, nos hizo la brujería de las tijeras, la sortija y el cedazo, el ensalmo de la piedra imán y la cebolla albarrana y, en fin, todas las habilidades que ejecuta cualquiera bruja de tres al cuarto. Luego nos pusimos á examinar el laboratorio ó salita de aparato.
Cenó, como en otro tiempo, en la salita, pero solo, sin el recaudador; pues Binet, «cansado» de esperar «La Golondrina», había decidido cenar una hora antes, y ahora cenaba a las cinco en punto, y aún decía que la vieja carraca se retrasaba.
Su albergue no podía ser más modesto; se componía de un portal estrecho y largo, una cocina que servía de poco, pues en ella apenas se guisaba y por falta de leña resultaba tan triste como fría, una salita en la que el hombre trabajaba y una alcoba en la que dormían los dos.
Aún ahora supone algo extraño para mí el hecho de que nunca me llegara a ver; y todavía más extraño es el oscuro recuerdo que conservo de mi primer encuentro, siendo un niño, con la piedra blanca de su tumba en el cementerio; la indefinible compasión que sentía al recordarle allí tendido y solo en la noche oscura, mientras nuestra salita estaba caliente a iluminada por el fuego y las velas, y las puertas de la casa estaban cuidadosa y cruelmente (me parecía entonces) cerradas.
Todas las puertas estaban abiertas; en la salita, sobre la gran mesa de rudo castaño, el criado había puesto la encendida lámpara, y contra su tubo de cristal, las falenas, idealistas empedernidas, soñadoras de la luz, se destrozaban las alas de polvillo de plata y los coseletes de felpa, cayendo abrasadas en un éxtasis de martirio.
Y antes de que lord Arthur hubiese vuelto de su asombro se encontró sentado en la salita del fondo, be­biendo a sorbos un marcobrüner de los más deliciosos en una copa amarillo pálido, grabada con el monograma imperial, y charlando de la manera más amistosa con el famoso anarquista.
Reímos de todo corazón en la salita, donde encontré sobre el antigun pupitre el libro de Los mártires, el cual no se había tocado desde mi partida.
A1 dar las seis ya le verá usted entrar, pues nadie le iguala en el mundo en cuanto a puntualidad. Tiene que tener siempre su sitio en la salita.
La joven no vaciló un punto: corrió adonde estaban su madre y la doméstica; explicóles el caso; díjoles que en la calle de Preciados no había ya tiros; tuvo que batallar, no tanto con los prudentísimos reparos de la generosa guipuzcoana como con el miedo puramente animal de la informe gallega, y a los pocos minutos las tres mujeres transportaban en peso a su honesta casa, y colocaban en la alcoba de honor de la salita principal, sobre la lujosa cama de la viuda, el insensible cuerpo de aquel que, si no fue el verdadero protagonista de la jornada del 26 de marzo, va a serlo de nuestra particular historia.
Yo he visto a Tom Pipes escalar al campanario de la iglesia, y he visto a Strap con su mochila al hombro descansando sentado encima de la tapia, y sabía que el comodoro Trunnion presidía un club con míster Pickle en la salita de la taberna de nuestra aldea.
Y cuando hallo una mujer de quien me enamoro en una hora con todas mis fuerzas y a quien le suplico que conserve unas pobres piedras para que se acuerde de mí, una a cuyos pies pasaría la vida arrodillado y por cuyos besos daría mi alma, ella rehúsa mi amor y me tira a la cara el regalo conque sueño hacerla feliz un minuto. No, dijo; suéltame y espera... Y se levantó para dejar la salita. ¿Te vas, Nelly?...
En una prisión angosta me meten sin compasión, y todos estos tormentos me los dan por diversión. Una salita entrelarga, en medio, una celosía; cinco muertos le acompañan y un vivo le da la vida.