Ejemplos ?
En la semana que siguió al 30 de julio, Blake sufrió su primera crisis depresiva. Pasó varios días sin salir de casa ni vestirse, encargando la comida por teléfono.
Si al salir de casa encontraba usted un sereno con un ojo borrado, los cristales de un café hechos trizas, las puertas de una taberna fuera de quicio, cambiados los letreros de las tiendas de una calle, de modo que sobre una botica se leyese, por ejemplo: Quincalla y clavazón, y sobre una ferretería Almacén de comestibles; si con algo de esto, o con todo ello junto, o con mucho más, se encontraba usted, repito, al salir de su casa, y preguntaba por los autores de las fechorías.
Pudo haberla leído antes de salir de casa, cuando la recibió; pero los minutos que en ello tardara los perdía en la vista; y «todo buen Seturas -como él decía-, antes que a sus hijos, se debe a su pleito».
Pues bien; a los cinco o seis días de haber enviudado el pobre don Emeterio tuvo que salir de casa, de luto por supuesto, y se encontró de manos a boca con ese bárbaro de Martín.
Desde el embustero Dumas hasta el sinvergüenza 13 corresponsal que envió a nuestra hidalga patria L'Illustration al inaugurarse la línea férrea del Pirineo, se nos viene enseñando en diversos estilos que para juzgar a un país lo que menos falta hace es conocerlo a fondo, y que lo único que se necesita es consultar, antes de salir de casa, la opinión que el que hemos de visitar merece al público que ha de leemos.
Joaquín no durmió la noche de la víspera. -Voy a la batalla, Antonia -le dijo a su mujer al salir de casa. -Que Dios te ilumine y te guíe, Joaquín.
Si tuvieras tienda de juguetes no faltaría una tarde... de las pocas que el condenado mal me deja salir de casa. Pero estas porquerías (y señalaba a los cacharros de los anaqueles) me repugnan...
Pero lo malo es que tiée un metal de voz que parece que es que flée embargá una alondra en la campanilla y aluego que güele como si tuviera en ca poro una violeta, y no te digo na de cuando trinca la guitarra, porque es que cuando la trinca, me río yo del Pipi, del Tunela y hasta del hijo del de los Bollos calientes. -Camará, pos di tú que sa menester no salir de casa los días en que esa gachí luzca el garbo por el distrito.
No paró aquí; un sastre tardó veinte días en hacerle un frac, que le había mandado llevarle en veinticuatro horas; el zapatero le obligó con su tardanza a comprar botas hechas; la planchadora necesitó quince días para plancharle una camisola; y el sombrerero a quien le había enviado su sombrero a variar el ala, le tuvo dos días con la cabeza al aire y sin salir de casa.
¿No podrías acompañarme? -Mis padres me han prohibido salir de casa, y si falto a su orden me castigarán. -Más podrán castigarte si pierden la renta por ti.
¡Me parecía tan extraordinario el tener siempre a Dora a mi lado; me parecía tan extraño no tener que salir de casa para ir a verla, no tener que preocuparme por su causa ni que escribirle, no tener que devanarme los sesos para encontrar ocasión de estar solo con ella!
-le pregunté, vivamente interesado, como siempre me ocurría, con los incisivos razonamientos de mi amigo. -Advertí, de pasada, que había escrito una carta antes de salir de casa, pero cuando estaba ya completamente vestida.