sacrilegio

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sacrilegio

(Del lat. sacrilegium.)
s. m. RELIGIÓN Profanación de una cosa, persona o lugar sagrados cometió sacrilegio al escupir sobre la imagen religiosa.

sacrilegio

 
m. rel. Lesión o profanación de cosa, persona o lugar sagrados.

sacrilegio

(sakɾi'lexjo)
sustantivo masculino
religión adoración profanación de algo o alguien considerado sagrado cometer un sacrilegio
Sinónimos
Traducciones

sacrilegio

Frevel

sacrilegio

sacrilégio

sacrilegio

sacrilege

sacrilegio

sacrilegio

sacrilegio

sacrilège

sacrilegio

heiligschennis

sacrilegio

helgerån

sacrilegio

SMsacrilege
Ejemplos ?
De que estas falsedades, maldades y sacrilegios desapareciesen se dolía el egipcio Hermes...
Por evitar sacrilegios Y otros horribles delitos, Tuve que hacer vil remedo Del más grande de los ritos; Me hizo cantar una misa Al pie de frondosa higuera; Me hizo elevar por hostia Un trozo de calavera; Me hizo alzar como cáliz El zancarrón de una yegua; Me hizo beber por vino La sangre de una culebra.
Pero si aquella muchedumbre pudo hallarse presente a estas funciones, permitiéndoselo la curiosidad, por lo menos por el escándalo público y ofensa a la castidad debieron confundirse. Y ¿a qué llamaremos sacrilegios, si éstas eran ceremonias sagradas?
Tal vez sepamos qué clase de ataques había soportado para salir tan maltrecha; pero lo cierto es que nada la había corregido, y si su cuerpo era la imagen de la fealdad, su alma era el receptáculo de todos los vicios y de todas las fechorías más inauditas: incendiaria, parricida, incestuosa, sodomita, tortillera, asesina, envenenadora, culpable de violaciones, robos, abortos y sacrilegios, se podía afirmar con razón que no había un solo crimen en el mundo que aquella bribona no hubiese cometido o hecho cometer.
Ir de paseo al cementerio el día de finados por ver y hacerse ver, por aquello de «¿adónde vas, Vicente?, adonde va toda la gente», como se va a la plaza de toros; por novelería y por matar tiempo, es cometer el más repugnante y estúpido de los sacrilegios.
tiene hoy los ojos en este suceso, los judíos las manos en esta maldad, aun con circunstancias mucho más dolorosas: Vos con ellos tenéis asientos, ellos dan el oro, Vuestros ojos leen sus blasfemias y sacrilegios, Vuestros oídos están atormentados con sus abominaciones.
Esta era el que el alma inmunda hallara ocasión para multiplicar sus dioses, y privada, en premio de su inmundicia, del único y verdadero Dios y prostituida por muchos y falsos dioses, ávida de una mayor inmundicia, llamara a estos sacrilegios sacramentos y a sí misma se entregara a la canalla de sucios demonios para ser violada y mancillada.
Esta indiana amulatada, de quien la fama pregona que ha hecho más sacrilegios e insultos que hizo Aroba; ésta, a quien es tributaria la turba de las fregonas, la caterva de los pajes y de lacayos las tropas, dice, jura y no revienta, que, a pesar de la persona del soberbio zambapalo, ella es la flor de la olla, y que sola la chacona encierra la vida bona.
Eutifrón: Llamo santo, por ejemplo, lo que hago yo hoy día de perseguir en justicia todo hombre que comete muertes, sacrilegios y otras injusticias semejantes, ya sea padre, madre, hermano o cualquiera otro; y llamo impío no perseguirles.
¡Oh, Señor, por menor delito mandó Dios que matase el hermano al hermano y el amigo al amigo y cada uno a su próijmo sin preceder proceso, y hoy, por incomparables y infernales sacrilegios, esperando la pereza de las probanzas, dejaremos vivir, no a nuestros hermanos, sino a nuestra persecución, no a nuestros amigos, sino a los públicos enemigos de Jesucristo, a los que en el Sacramento le pisan, en la cruz le queman, en su Ley le condenan a muerte!
y finalmente, habiendo recibido en el día 28 la positiva noticia de la rendición en las Andalucías del general Dupont con diecisiete mil hombres de las mejores tropas francesas, resolvió José la retirada o fuga de esta Corte, que verificó precipitadamente con todo el resto del ejército, dirigiéndose hacia la frontera, y cometiendo éste en su tránsito los más execrab­es excesos de robos, violencias, sacrilegios y asesinatos, habiéndole seguido por desgracia (a excepción del señor don, Pedro Cevallos) los ministros don Mariano Luis de Urquijo, don Miguel José de Azanza, don Gonzalo O"Farril, don José Mazarredo y el conde de Cabarrús.
Los incurables a causa de la enormidad de sus faltas y que cometieron numerosos sacrilegios, asesinatos inicuos, violaron las leyes y se hicieron reos de delitos análogos, víctimas de la inexorable justicia y de su destino fatal, son precipitados al Tártaro, del que jamás saldrán.