sacerdotisa

sacerdotisa

s. f. HISTORIA, RELIGIÓN Mujer con autoridad para ofrecer sacrificios y ofrendas a uno o varios dioses y cuidar del templo.

sacerdotisa

 
f. rel. Entre los gentiles, mujer dedicada a ofrecer sacrificios a ciertas deidades y cuidar de sus templos.
Traducciones

sacerdotisa

priestess

sacerdotisa

prêtresse

sacerdotisa

女祭司

sacerdotisa

女祭司

sacerdotisa

Kněžka

sacerdotisa

Præstinde

sacerdotisa

Papitar

sacerdotisa

כוהנת

sacerdotisa

Prästinna

sacerdotisa

SFpriestess
Ejemplos ?
La hembra, mísera bestia dedicada a procrear hijos de padres desconocidos y a defenderlos de sus propios generadores, se convirtió en guardadora de la hoguera, en respetada sacerdotisa de la llama.
Cuando llegaron a la acrópolis, abrióles las puertas del templo Teano, la de hermosas mejillas, hija de Ciseo y esposa de Antenor, domador de caballos, a la cual habían elegido los troyanos sacerdotisa de Atenea.
Aquel coro, aquella junta de músicos que pasó, sospecho que va por una sacerdotisa del templo, para que en las aras puras dé a la diosa el sacrificio; que siempre así se acostumbra, pero ya vuelven con ella.
Saltó desde arriba y desde arriba hacia el suelo cae dando infinitos alaridos Penteo, porque ya cerca de su desgracia se dio cuenta. Su madre la primera comenzó como una sacerdotisa el sacrificio, y cayó sobre él.
En fin, toda la casa, y particularísimamente la piadosa mujer que ejerce en ella el cargo de sacerdotisa de la Virgen, respiran santidad, paz y alegría.
Así que con ningún ejemplo divino, se puede defender la causa de la madre de Rómulo, en atención a que Silvia fue sacerdotisa vestal, y por eso debieran los dioses vengar antes este crimen sacrílego contra los romanos que el adulterio de Paris contra los troyanos.
Nada más pintoresco y peor oliente que el sitio a donde pretendemos llevar a los que nos leen; lugar donde al que, con nosotros, por él se aventure aconsejaremos recate el olfato si no quiere oler a aceite frito, que a esto, y no a nardos y a jazmines, huelen las enormes sartenes, donde alguna sacerdotisa de las dedicadas en otras horas a leerle el porvenir al más vivo en la palma de la mano, confecciona el sabroso tejeringo, o mal fríe el atún y los boquerones, que llegada la hora de hacer por la vida, buscan, pagan, o no pagan y devoran, los menos escrupulosos y adinerados de los de su ilustre abolengo.
el «Gran Monte», Ninguna ciudad sería construida, ningún establecimiento fundado: Ningún establo sería construido, ningún aprisco instalado; Ningún rey sería exaltado, no nacería ni un solo gran sacerdote; Ningún sacerdote mah, ninguna gran sacerdotisa podrían ser escogidos por la aruspicina...
La verdadera mujer inconquistable es aquella que nació y se crió fea; que sabe que lo es y vive encastillada en su propia desesperación; que tiene el bastante talento para comprender que no puede inspirar deseos, y la bastante dignidad para no mentirse a sí misma fingiendo creer la mentira ajena; que ansía el verdadero amor, y ya que no sacerdotisa, aspira a ser mártir de ese sentimiento; que poseedora, en fin, de un rico diamante envuelto en áspera corteza, prefiere encerrarlo consigo en la tumba a verlo brillar en el pecho de un libertino.
Animo, pues, respetables individuos de nuestro Congreso; dedicad vuestras meditaciones al conocimiento de nuestras necesidades; medid por ellas la importancia de nuestras relaciones; comparad los vicios de nuestras instituciones con la sabiduría de aquellos reglamentos que formaron la gloria y esplendor de los antiguos pueblos de la Grecia; que ninguna dificultad sea capaz de contener la marcha majestuosa del honroso empeño que se os ha encomendado; recordad la máxima memorable de Foción, que enseñaba a los atenienses pidiesen milagros a los dioses, con lo que se pondrían en estado de obrarlos ellos mismos; animaos del mismo entusiasmo que guiaba los pasos de Licurgo, cuando la sacerdotisa de Delfos le predijo que su república sería la mejor del universo...
Mientras empieza a calentarse el agua, doña Baldomera, sacerdotisa también de la batea, se va, bajo la escasa sombra del sauce raquítico, único árbol que exista alrededor de la vivienda, a enjabonar un lote de ropa que tenía preparado.
¡Ah!, me avergüenzo de mis años; soy un hombre joven todavía, y mi amiga no me encuentra ni hombre ni joven, y se alza del lecho como la casta sacerdotisa que ha de velar el fuego eterno de Vesta, o la hermana se aparta de su querido hermano, y eso que hace poco cumplí como bueno dos veces con la rubia Clide, tres con la blanca Pitho y otras tantas con Libas, y estrechado por las instancias de Corina, recuerdo que en una corta noche repetí nueve veces el asalto.