Ejemplos ?
DON LUIS ¿A media noche? PACHECO Traerán cartas de su capitán. DON LUIS Llega, que yo lo sabré. PACHECO La puerta de la escalera está con llave.
¡Dulce fin de tantos daños! JULIA. (Ap.) ANARDA la mano dé al Conde; que yo sabré usar contigo de engaños. JUAN. Su Alteza, mi bien, me espera.
Tal es, imparcialmente retratado, nuestro famoso Capitán Veneno; por lo que suplico a usted tenga paciencia para aguantarlo algunas semanas, en la seguridad de que yo sabré agradecer todo lo que hagan ustedes por su salud y por su vida, como si lo hicieran por mí mismo.
Nada he omitido para ser de su núcleo y toda mi vida he estado trabajando para conseguirlo. Si todos mis esfuerzos no han sido inútiles y lo he logrado, lo sabré dentro de un momento, si a Dios le place.
¿Por qué no pueden mis labios comunicarte mi pasión? ¿Por qué no pueden implorarte que vengas a mi lado? Yo sabré ofrecerte lo que nadie... ¡jamás!...
¿De dónde el valor y constancia que tienes para sufrir la infamia, la ignominia y el aborrecimiento popular si te has envejecido gozando de su aplauso, siguiéndote siempre su inexpugnable favor, movido de una cierta inclinación de los entendimientos? ¿De qué sabré que sufrirás con igualdad de ánimo las muertes de tus hijos, si gozas de todos los que engendraste?
DON JUAN ¡Vive Dios, que harás que vaya creyendo!26 CELESTINA Pasa adelante, que esto sólo ha sido maña27 porque de mí fíes que sabré hacer lo que me mandas.
Sospecho que no hago bien, Leonardo, en no conocello. Si es mi igual, sacaré dello el consuelo a mi desdén, y a lo menos sabré quién no ha de causarme cuidado.
¡Por mí, que te debo la vida! ¡Ah, no, no querrá el cielo! Dentro de quince días sabré música y tocaré la corneta de llaves. Ramón se echó a reír.
Pero si estas suspensiones de vida prosiguen, y se acentúa este ver doble y triple a través de una lejanísima transparencia, entonces sabré perfectamente lo que conviene en tal estado a un conductor de tren.
Era una idea tan nueva para Alicia, que quedó muda durante uno o dos minutos, lo que dio oportunidad a la Paloma de añadir: - ¡Estás buscando huevos! ¡Si lo sabré yo!
Muy al caso has venido, según veo, a dar satisfacción a mi deseo.» Dio Orlando, sonriendo con desprecio y alzándose, respuesta a aquel bergante: «Yo las armas sabré venderte a un precio que nunca registró ningún tratante.» Y, asiendo del vecino fuego recio un tizón encendido y humeante, arreó con él a aquella comadreja donde van a lindar nariz con ceja.