Ejemplos ?
Subieron los tres a ella, y los soldados volviéndose, volvió a llenarse la plaza con los ociosos de siempre. ¿Qué más te importa saber de este cuento?
DON LUIS Lo que quiero es hoy saber de ti, pero primero toma esta joya, y sólo en ella intento principio dar a mi agradecimiento.
Alicia hundió el pie todo lo que pudo dentro de la chimenea, y esperó hasta oír que la bestezuela (no podía saber de qué tipo de animal se trataba) escarbaba y arañaba dentro de la chimenea, justo encima de ella.
En ese momento una gran inquietud invadió el aparatoso palacio submarino al abrirse la puertas de cristales transparentes y permitir entrar a una multitud de seres oceánicos que se miraba deseosa de saber de mi caso.
Y como no hay algo malo que no deje algo bueno, al contacto de los CHICHIMECAS con los toltecas y los AZCAPUTZALCAS, pulieron su barbarie, dominaron sus instintos animales, controlaron sus impulsos destructivos y se transformaron en creadores, orgullosos de representar una síntesis del saber de su tiempo.
Los países y los científicos del mundo deben tener conciencia de la necesidad apremiante de utilizar responsablemente el saber de todos los campos de la ciencia para satisfacer las necesidades y aspiraciones del ser humano sin emplearlo de manera incorrecta.
Sá menester tamién saber de qué pie cojea er que viene a la casa, saber cuánto puée valer er chaleco y la leontina que traen, que dambas cosas son lo primerito que dejan en prenda, bailar y cantar lo menos posible, que al hombre jarto jasta su jálito le jiede; y sobre tó, hija mía, sobre tó en lo que resperta a lo otro, a lo de chipé sá menester no dar al orvio que a los hombres hay que trastearlos con muchísimo entendimiento, que los hombres tós o cuasi tós están pidiendo a voces una enjalma y un ronzal y una batícola.
Pronto la luna apareció serena sobre un picacho de la curva andina, y una lechuza desgranó su pena desde el roto esqueleto de una encina. Allí quedéme estático y suspenso, sin saber de mí nada; al otro día pensé en el peregrino...
Que transcurra la vida y que yo la ignore. Nada quiero saber de ella, ni vislumbrarla, ni percibirla... —¿Y no tratas de hacer algo?
Y en verdad hemos obrado liberalmente haciendo esta última concesión, puesto que hemos considerado ser posible saber de cierta manera lo que absolutamente no se sabe.
Todo el mundo le hecha a él la culpa de esto; a mi me ha avisado un espía que le ha visto a él solo recorriendo la llanura y en su mano la espada recién ensangrentada; él me a puesto sobre la pista. Al punto, yo, tras sus huellas me lanzo; reconozco algunas: otras me desconciertan; no puedo saber de quien son.
Rejas y balcones se abren Al ruido, y todos haciéndose Pregunta sobre pregunta, Mas todos sin entenderse; Quién huye despavorido Sin saber de lo que teme, Quién oye estúpido y mira, Quién bravea sin moverse, Desde la calle entretanto, Que nada ve ni comprende.