sabeliano

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sabeliano, a

(De Sabelio, heresiarca del siglo iii.)
1. adj. RELIGIÓN De dicho heresiarca o de su doctrina.
2. adj./ s. RELIGIÓN Que profesa el sabelianismo

sabeliano, -na

 
adj.-s. rel. Díc. de los seguidores del sabelianismo.
adj. Relativo a esta doctrina.
Ejemplos ?
Así que nosotros no decimos que hay dos o tres principios cuando hablamos de Dios, así como tampoco nos es lícito decir que hay dos o tres dioses, aunque hablando de cada uno en particular, o del Padre, o del Hijo, o del Espíritu Santo, confesemos también que cada uno es Dios. Sin embargo, no decimos lo que los herejes sabelianos, que el Padre es el mismo que el Hijo.
Y no llamamos simple a la naturaleza del bien, porque está en ella sólo el Padre, o sólo el Hijo, o sólo el Espíritu Santo, mediante a que no está sola esta Trinidad de nombres sin subsistencia de personas, como entendieron los herejes sabelianos, sino que se llama simple porque todo lo que tiene eso mismo es, a excepción de que cada una de las personas se refiere a otra, porque, sin duda, el Padre tiene Hijo, y con todo, él no es el Hijo, y el Hijo tiene Padre, y con todo, él no es Padre.
Por esta razón dijeron con verdad que no se purifica el hombre sino con el principio, aunque los sabelianos, en su modo de explicarse, pusieron los principios en plural.
Después de la más dura y sangrienta batalla con los samnitas, Corvo los derrotó completamente en el monte Gaurus cerca de Cumas; una batalla que, como observa Niebuhr, aunque pocas veces se menciona, es una de las más memorables en la historia del mundo, ya que fue un presagio del resultado de la gran contienda que había entonces comenzado entre sabelianos y latinos por la soberanía de Italia.
Así, como el misterio de la Santísima Trinidad fue atacado desde luego por los gnósticos, los sabelianos, los arrianos, los tracedomanos, etc., la Iglesia, para atestiguar su fe a las tres personas divinas, en todo ha adoptado el número de tres: de aquí el Kyrie repetido tres veces en honor de cada una; el Trisagio o tres veces santo, la triple inmersión por el bautismo, la doxología colocada al fin de cada salmo, etc.
El Concilio de Constantinopla anatematizó en su primer canon a los semi-arrianos o pneumatómacos: «No ha de ser violada la fe de los 318 padres que se reunieron en Nicea de Bitinia; más bien, esta ha de mantenerse firme y estable, y se ha de anatematizar toda herejía, y especialmente la de los eunomianos, anomianos, arrianos, eudoxianos, macedonianos y de los pneumatómacos, y de los sabelianos, y marcelianos, y fotinianos y apolinarianos» (Dz 85).
San Basilio de Cesarea asumía hypostasis como equivalente a prósopon pero rechazaba el uso de este último por estar cercano al uso del término prosopa que hacían los herejes sabelianos, con aquel concepto determinaba la existencia en una forma particular o la manera de ser de cada una de las personas que conforman la Trinidad, diferente a su naturaleza u sustancia (ousía) que tenían en común y era única.
Una serie de cartas señaladas por San Jerónimo se han perdido, así como el Diálogo con Eliano, del que habla San Basilio en la carta 210,5, y que utilizaron los sabelianos pretendiendo encontrar en él sus doctrinas.
La asamblea de obispos católicos, en número de 150, confirma solemnemente la doctrina de Nicea y ante la reserva y oposición de cuantos negaban la consustancialidad del Hijo o del Espíritu Santo, considera herejes no sólo a los arrianos, sabelianos y apolinaristas, sino también a los macedonianos, eumonianos, eudoxianos y otros, añadiendo estas palabras al símbolo niceno: «...
l concilio Caesar-Augustanum se celebró en Zaragoza el año 380, tenido por los Obispos de Aquitania, contra los Priscilianistas, que formaban una secta de los errores de los Gnósticos, de los Maniqueos y de los Sabelianos.
Los Dogmas de los Priscilianistas eran una mezcla de todo género de errores pero particularmente de las de los Maniqueos y de los Gnósticos. Sobre la Trinidad seguían a los Sabelianos, enseñando que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no eran más que una Persona.
Marcelino Menéndez y Pelayo en Historia de los heterodoxos españoles afirma: no cabe dudar que los priscilianistas eran antitrinitarios y, según advierte San León (y con él los Padres bracarenses), sabelianos.