Ejemplos ?
Así, me esforzaré en usar éste derecho con parsimonia; tal vez me contentaré con el permiso, ¿De qué servirá tu indulgencia, no pudiendo expresar de ninguna manera esta idea en latín, por la cual he hecho críticas a nuestra lengua? Aún condenarás más la estrechura latina cuando sarás que hay una sílaba que no puedo traducir.
Míster Micawber, cuyo ímpetu me costó trabajo dominar, y que ya había varias veces pronunciado la primera sílaba de la palabra « bribón», sin que yo se la dejase terminar, estalló al fin, sacó del chaleco la larga regla (probablemente destinada a servirle de arma defensiva) y del bolsillo un documento voluminoso, plegado en forma de carta.
ayeres y mañanas ultrajados. Recuerdos. Y las palabras que me duelen cada sílaba callada. Y los rostros que me sangran el silencio de las voces...
Cuando hayas leído los cuatro Upanisad y los Vedas todos; cuando hayas hecho penitencia cien años en lo más intrincado del bosque, comiendo aire y bebiendo tus lágrimas; cuando hayas secado tu sangre y atrofiado tus nervios; cuando hayas pronunciado cien millones de veces la misteriosa sílaba ¡Aum!
Aunque ha tratado de ocultarse, mientras escribía la dirección en la maleta oscura que ha conocido nuestros días dichosos, la mirada de águila de la ansiedad ha sabido leer la última sílaba: «dres».
Apenas hubo llegado a la puerta, una mano se posó en su brazo, y una voz femenina le dijo en tono bajo, pero de forma que no perdió una sílaba: —Soy Tiché Novoleja, encargada de procurar diversión a Arria Marcella, hija de Arrio Diomedes.
Y cuando dentro de la corriente quiso recitar una plegaria expiatoria, notó con terror que se le habían olvidado por completo los astros de los tres mundos, el Upanisad, los demás Vedas, la sílaba misteriosa...
Tejedora: teje en tu hilo La inercia de mi sueño y tu ilusión confiada; Teje el silencio; teje la sílaba medrosa Que cruza nuestros labios y que no dice nada; Teje la fluida voz del Angelus Con el crujido de las puertas: Teje la sístole y la diástole De los penados corazones Que en la penumbra están alertas.
¡Soy aquí el soberano! Y el eco repitió la última sílaba, y contestó: -¡No! El castellano se revolvió furioso creyendo que alguien le hablaba, y gritó: -¿Quién osa contradecirme?
También el refrán «ceño y enseño, al mal niño lo hacen bueno» era habitual en boca de su merced. Pedía el maestro la lección de Astete o de Ripalda, y ¡ay del arrapiezo que equivocaba sílaba al repetirla de coro!
-Llámelo usted como quiera; pero ello ha de ser verdad, que mi abuela no supo inventar ni mentir, que no era la bendita señora de la pasta de que se hacen hogaño periodistas y ministros. Armé un cigarrillo, repantigueme en la butaca y fui todo oídos para no perder sílaba del relato que van ustedes a conocer.
Tal era, por aquel siglo, lo que se llamaba hacer el duelo por el difunto, y tal, sin quitar sílaba ni añadir letra, la obligada retahíla de los dolientes.