séquito


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séquito

(Del ital. séguito.)
1. s. m. Conjunto de gente que acompaña a un personaje como muestra de reverencia o adhesión entró rodeada de todo su séquito de admiradores; los reyes vinieron con su séquito. comitiva, cortejo
2. Aplauso en aprobacion de las acciones de una persona.
3. Conjunto de cosas que se siguen de un suceso. consecuencia

séquito

 
m. Agregación de gente que acompaña y sigue a una persona.

séquito

('sekito)
sustantivo masculino
grupo que acompaña a una persona importante a un lugar, acto o ceremonia El gobernador presidió el acto acompañado de su séquito.
Sinónimos

séquito

sustantivo masculino
Traducciones

séquito

séquito

séquito

entourage

séquito

entourage

séquito

Антураж

séquito

Doprovod

séquito

Entourage

séquito

הפמליה

séquito

Entourage

séquito

SM
1. [de rey, presidente] → retinue, entourage
2. (Pol) → followers pl
3. [de sucesos] → train, string
con todo un séquito de calamidadeswith a whole catalogue of disasters
Ejemplos ?
Se colocó a la cabeza, el sable de madera siempre en la mano, y dirigió la marcha, adaptando su andar al de ellos, solemne, volviéndose de vez en cuando para verificar si sus fuerzas no quedaban atrás. A buen seguro, nunca un jefe tuvo semejante séquito.
Hasta el lunes siguiente habrá de reanudarse y en donde unas horas antes todo era ruido, agitación, movimiento, rugir de aparatos mecánicos, constante ir y venir de trabajadores, reina complaciente la calma con su séquito de tristezas fatigadas.
Entre aquellos bultos oscuros, sin contorno ni faz, mis ojos sólo pudieron distinguir la figura prócer del Señor, que se destacaba en medio de su séquito, admirable de gallardía y de nobleza, como un rey de los antiguos tiempos.
Sin comprenderlas, yo las sentía leales, veraces, adustas, severas. Don Carlos las escuchaba en pie, rodeado de su séquito, vuelto el rostro hacia el fraile predicador.
Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces.
Desta jerarquía de personas se servía el señor rey don Felipe el segundo en los oficios de su casa y en otros puestos de Consejos y presidencias, porque, como está dicho arriba, siendo el poder destos particulares más moderado y ellos de menos séquito, juzgaba habían de estar más atentos a su proceder y más puntuales en la ejecución de las órdenes, por la facilidad mayor que hay en remover a estos cuando no cumplan con lo que deben, que a los más poderosos y de mayores parientes.
Los que asistían de continuo a formar el séquito de presuntos galanes de doña Inés de Tordesillas, que tal era el nombre de esta celebrada hermosura, a pesar de su carácter altivo y desdeñoso, no desmayaban jamás en sus pretensiones; y éste animado con una sonrisa que había creído adivinar en sus labios, aquél con una mirada benévola que juzgaba haber sorprendido en sus ojos; el otro, con una palabra lisonjera, un ligerísimo favor o una promesa remota, cada cual esperaba en silencio ser el preferido.
De odio y de amor, y de más odio que amor, están hechos los pueblos; sólo que el amor, como sol que es, todo lo abrasa y funde; y lo que por siglos enteros van la codicia y el privilegio acumulando, de una sacudida lo echa abajo, con su séquito natural de almas oprimidas, la indignación de un alma piadosa.
Mitford Crow promete que siempre y cuando (lo que Dios no permita) sucediessen adversos e imprevenibles successos en las Armas: Assegura que los dichos Sres., las Personas de su séquito y demás Naturales y Habitantes de dicho Principado que se declararen y tomaren las Armas a favor del Srmo.
Siguiendo, empero, el curso de nuestros adelantos, se fueron haciendo cabida los jueces en la sociedad, se levantó el edificio de los tribunales con su séquito de escribanos, notarios, autos, fiscales y abogados, que dura todavía y parece tener larga vida, y se convino en que los «juicios de Dios» (así se había llamado a los desafíos jurídicos, merced al empeño de mezclar constantemente a Dios en nuestras pequeñeces) eran cosa mala.
No se arruinó, porque eso no entraba en sus principios; se limitó a derrochar, como derrochan todos sus congéneres: yates, coches (no existían automóviles aún), caballos, palacios, quintas, festines, viajes con séquito, adquisición de obras de arte más o menos auténticas, fundaciones benéficas e instructivas más o menos útiles; entre ellas, la de la fuente continua de agua de la Florida, donde se perfumaban gratuitamente los moradores de Kentápolis, ciudad dominada por la opulencia de la dinastía Dorcksetter.
Y así las cosas, MOCTECUHZOMA XOCOYOTZIN y su séquito salieron con rumbo a la calzada de IZTAPALAPA para recibir a los forasteros.