Ejemplos ?
Cercó la turba el féretro, y la losa De su gefe á la voz dócil girando De Ronquillo mostró la pavorosa Figura; á cuya vista el negro bando De espíritus que el féretro cercaba Rugió iracundo al contemplar su presa, Cual de la suya en torno en noche oscura De cuervos roncos la bandada espesa.
Saltó, en efeto, como el conde Claros; y armándose de ofensas y reparos, vino de ronda al puesto por la posta, por ver si había moros en la costa; y no siendo ilusión el pensamiento (que del alma el primero movimiento pocas veces engaña), no suele débil caña en las espadas verdes esparcidas, del aire sacudidas, hacer manso ruido con más veloz sonido como rugió los dientes...
Era un mal sagrado el de María Antonieta. Aquella noche rugió en mis brazos como la faunesa antigua. Divina María Antonieta, era muy apasionada y a las mujeres apasionadas se las engaña siempre.
-¡Jamás! -rugió con sordo acento una voz que llegó cual un eco lejano de amenaza al oído de Feliza. Y un hombre que, pálido, y centellantes los ojos, contemplaba, oculto entre el ramaje a la enamorada pareja, fijó en ellos una mirada terrible; y murmurando una imprecación, se alejó, perdiéndose entre las sombras.
Ahora sólo gemir podrá la triste ausencia de todo lo que amó, y enfurecido tronar contra los viles y tiranos que ajan de nuestra patria desolada el seno virginal. Su torvo ceño mostróme el despotismo vengativo, y en torno de mi frente, acumulada rugió la tempestad.
rugió en un sollozo echando la cabeza atrás y deslizándose por la pared hasta caer sentado—: ¡Pero quién me dice al miserable yo, aquí, por qué en mi casa me arranqué las uñas para no salvar del alquitrán ni el pelo colgante de mi María!
-Ahora vamos a dejar las cosas bien claras rugió la Reina, dando una patada en el suelo mientras hablaba-: ¡O tú o tu cabeza tenéis que desaparecer del mapa!
—María…—tartamudeó Kassim, tratando de desasirse. —¡Ah!—rugió su mujer enloquecida.—¡Tú eres el ladrón, miserable! ¡Me has robado mi vida, ladrón, ladrón!
Turkey resplandecía como una marmita de bronce; tenía empapada la calva; tamborileaba con las manos sobre sus papeles borroneados. -¿Qué pienso? -rugió Turkey-. ¡Pienso que voy a meterme en el biombo y le voy a poner un ojo negro!
El padrastrillo me vió entonces y se lanzó sobre mí. —¡Yo no hice nada!—grité. —¡Espérate!—rugió mi tío, corriendo tras de mí alrededor de la mesa. —¡Alfonso, déjalo!
-rugió Mendiola al ver cómo repentinamente todos los adversarios volvían grupas y se alejaban veloces como sombras tendidos sobre las monturas y haciendo a éstas trazar caprichosos zig zag burladores de la más certera puntería.
Los quereles son los que mandan, y lo que yo pueo decir a usté, compadre, es que en este mismísimo momento su compadre de usté y mi comadre están como estamos nosotros de palique u de argo más que palique, que no sería yo la que metiera por ellos un deo en la candela. -Eso no puée ser -rugió Joseíto, vibrando todo de ira y de celos-.