Ejemplos ?
Capitanes agregados - Martin Prast, Francisco Molina. Tenientes— Mateo Campos, Francisco Ibañez, José Santos Mardones Ayudante mayor— Lorenzo Ruedas.
El Cuartel Real aposentóse en una gran casería que se alzaba en la encrucijada de dos malos caminos, de ruedas uno y de herradura el otro.
Y captarían los estrépitos del tiempo que agotan en su riel la estulticia de sus muecas donde ruedas que perpetuas giran, jamás regresan a la misma vuelta.
Y pasó uno con una motocicleta. Y yo le dije a éste: —Cristo, ¡quién tuviera ruedas! Y éste me dijo: —Déjale, que puede que acabe al paso, como nosotros.
Sin embargo, a lo lejos rodaba un coche de caballos, uno solo, quizá el mismo que había pasado junto a mí hacía un instante. Intenté alcanzarlo, siguiendo el ruido de sus ruedas a través de las calles solitarias y negras, negras como la muerte.
Ambos tienen la inapreciable ventaja de que se abren, y en una mañana de verano, o a puestas de sol, o en un día nublado, es muy hermoso el viajar en ellos por el campo, y como son de cuatro ruedas y fuertes, hechos para viaje, pueden ir a todo galope de los caballos, como aquí se usa.
---- Está de moda en los partidos personalistas llamarse partidos del porvenir, y, sin quererlo profetizan; tiene partido el porvenir, porque cada día son menos las que pasan las ruedas del molino.
La vida, pesadísima tractora y furgón al mismo tiempo, ofrece estos fenómenos: una locomotora se yergue de pronto sobre sus ruedas traseras y se halla a la luz del sol.
Cierto que no marchaba con tanta precisión, pero marchaba, lo veíamos por las agujas, creíamos lo que decían y no nos parábamos a pensar en las ruedas que tenía dentro.
Aquel lujoso mueble era toda una obra, excogitada y dirigida por el minucioso aristócrata; estaba provisto de grandes ruedas que facilitarían la conducción del enfermo de una parte a otra, articulado por medio de muchos resortes, que permitían darle forma, ora de lecho militar, ora de butaca más o menos trepada; con apoyo, en este último caso para extender la pierna, y con su mesilla, su atril, su pupitre, su espejo y otros adminículos de quita y pon, admirablemente acondicionados.
Pero hoy la máquina estatal se ha convertido en un reloj de cristal cuyo mecanismo es visible; se ven girar las ruedas, se oyen sus chirridos, y uno se asusta del eje y del volante.
Y quiero hablar con usted a solas antes de morirme... Haga usted que Rosa lo coloque en el sillón de ruedas, y lo traiga aquí... Pero procure que no despierte mi pobre Angustias...