rosquilla

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rosquilla

1. s. f. COCINA Masa dulce de harina, huevos y otros ingredientes, en forma de rosca pequeña las rosquillas de anís son sus preferidas. rosquete
2. ZOOLOGÍA Larva de algunos insectos nocivos para las plantas, que se enroscan en ellas con facilidad.
3. rosquilla lista COCINA La de masa dulce bañada en azúcar.
4. rosquilla tonta COCINA La hecha con poco azúcar y con anís.
5. saber o no algo a rosquillas coloquial Producir gran satisfacción o gran pesar su conversación me supo a rosquillas.

rosquilla

 
f. Especie de masa dulce y delicada formada en figura de roscas pequeñas.
Saber a rosquillas una cosa. loc. fig. y fam.producir gusto o satisfacción.
zool. Larva de varias especies de insectos, dañinos para los vegetales, que se enrosca con facilidad y al menor peligro.

rosquilla

(ros'kiλa)
sustantivo femenino
culinario masa dulce en forma de rosca Las rosquillas de la abuela son exquisitas.
Traducciones

rosquilla

doughnut

rosquilla

ciambella

rosquilla

دَوْنات, دونات

rosquilla

kobliha

rosquilla

doughnut

rosquilla

Doughnut, Donut

rosquilla

ντόνατ

rosquilla

donitsi

rosquilla

beignet

rosquilla

krafna

rosquilla

ドーナツ

rosquilla

도넛

rosquilla

donut

rosquilla

smultring

rosquilla

pączek

rosquilla

donut, rosquinha

rosquilla

пончик

rosquilla

munk

rosquilla

ขนมโดนัท, โดนัท

rosquilla

bánh rán

rosquilla

炸面圈

rosquilla

SF
1. [de humo] → ring
2. (Culin) → ring-shaped pastry, doughnut
venderse como rosquillasto sell like hot cakes
3. (= larva) → small caterpillar
Ejemplos ?
A tu neno ahora le regala rosquillas la Virgen, y San Antón le está poniendo una ropa toda de oro, y de plata, y de perlas, con unos fleques colorados...
Agradecí a mis buenos parientes, con toda mi alma, la sinceridad con que me brindaban su casa y su cariñosa asistencia por algunos días más; sentí de veras que perentorias ocupaciones me impidieran complacerlos, pues cariño hacia ellos me sobraba; disculpéme lo mejor que supe, monté a caballo; y llenos los bolsillos, la maleta y las pistoleras de fruta y de rosquillas que me hicieron tomar a última hora, partí hacia la ciudad, prometiéndome a mí mismo solemnemente, y lo he cumplido, que si alguna vez volviera al campo había de ser en días hábiles y normales, y en manera alguna en los que, como el de San Juan citado, se llaman, con sobrada razón, en mi tierra, de arroz y gallo muerto .
Dejamos para mejor ocasión la pintura de las fiestas de nuestro pueblo natal y en cuanto a la de Madrid, sólo diremos, por vía de índice, que el día de San Isidro es el día de la pradera, del cerro, de los frasquetes, de las rosquillas, del peleón, de las mantillas blancas, de los toros, de las acacias, de lo que resta de manolos y manolas, de los grandes trenes a la calesera, de la nobleza revuelta con el pueblo, y de los corchetes aporreados a mansalva; el día de Goya, en fin, y esto lo dice todo.
Destaparon el cesto y, acomodándose sobre la hierba mullida, despacharon, entre alborozo, agudezas y carcajadas, el jamón fiambre y las rosquillas que regaron con champaña.
-Voy día, a la escuela... -Para to hay tiempo, hijo; ahora, ven, que te daré rosquillas y pasas y mucho bueno, bobo... Miá tú: al tranvía nos subimos y te llevo dacia mi casa, ¿oyes?, que tengo allí pa que te hartes de rosco...
Fijóse el día de la boda, y la víspera hubo grandes iluminaciones en la ciudad, repartiéronse bollos de pan y rosquillas, los golfillos callejeros se hincharon de gritar «¡hurra!» y silbar con los dedos metidos en la boca...
La generación que se presentó a sucederlos en el cargo que dejaban, considerando, a la primera ojeada, que celebrándose algunas romerías a mucha distancia de la población, era preciso, para volver con el crepúsculo a casa, suspender el baile apenas empezado, o empezarle con los garbanzos aún entre los dientes; considerando además que para las señoras, rendidas de brincar, era demasiado largo y penoso, y hasta peligroso, el camino por las callejas de San Juan y San Pedro, y considerando otras varias circunstancias no menos graves, y por último, que la gente del buen tono nada tenía que ver con las rosquillas, cazuelas de guisado, perés y otros groseros excesos de las romerías.
Usted no es el vecino, ni la lavandera, ni el hijo del carretero, que quiere rosquillas, cuando puede llenar el vientre con borona y cerezas.
Era un viejo dulce y bueno, y hacía muchos años, al decir de mi madre, que llegaba todos los días, a la misma hora, con el pan calientito y apetitoso, montado en su burro, detrás de dos capachos de cuero, repletos de toda clase de pan: hogazas, pan francés, pan de mantecado, rosquillas… Mi madre escogía el que habíamos de tomar y mi hermana Jesús lo recibía en el cesto.
Pues y ¿qué me dirán de aquella maldita casualidad de venir el honrado correveidile de Rodolfo a dar su recado precisamente cuando el horno estaba menos para rosquillas y el señor más furioso, y equivocarse y tirarle nada menos que un dúo de tiros?
Compramos avellanas, peras, cerezas y rosquillas en todos los puestos de la romería; convidámonos recíprocamente la familia, el exclaustrado y yo; vi un desafío a los bolos entre mozos del lugar y otros tantos forasteros; oí los «¡vivas!» que nos echaron dos danzantes, encaramándose unos sobre otros hasta formar lo que ellos llaman castillo, y los que también hubo para las demás personas que les habían dado dinero; y volvimos a casa al anochecer, despidiendo al predicador después de haber tomado chocolate y agua de limón todos juntos, como si no hubiéramos comido al medio día.
El día de la feria grande de Arnedo, que es en abril, antes de la Semana Santa, volvía yo a mi parroquia, después de pasar el rato bebiendo un poco de tostado y comiendo unas rosquillas, cuando a poca distancia del pueblo empareja con mi mula la yegüecilla de Ramón Limioso (usted le conoce: el señorito del pazo, un caballero cumplidísimo), y me pregunta, con no sé qué retintín: «Y Cristo, ¿le ha visto usted en la feria?» «¿Cristo?