rosado

(redireccionado de rosadas)
También se encuentra en: Sinónimos.

rosado, a

(Derivado de rosa.)
1. adj. De color o de tono rosa se casó con un vestido entono rosado.
2. Hecho con rosas miel rosada; aceite rosado.
3. adj./ s. m. ENOLOGÍA Se refiere al vino tinto claro trajo un rosado de cosecha muy bueno.
4. adj./ s. Argent., Colomb., Chile Se aplica al caballo o la yegua cuya capa presenta manchas rosadas y blancas, ya por transparencia de la piel, ya porque posee pelos de estos colores.

rosado, a

(Derivado del lat. ros, rocío.)
adj. Se aplica a la bebida que está algo helada, con grumos congelados o cristales de hielo en su interior. escarchada

rosado, -da

 
adj. Díc. del color de la rosa.
Compuesto con rosas.

rosado, -da

(ro'saðo, -ða)
abreviación
que tiene un tono de color rosa una falda rosada
Sinónimos

rosado

, rosada
adjetivo y sustantivo masculino
Traducciones

rosado

pink, rose, rosé, rosy

rosado

rose, roux

rosado

Rosa

rosado

roze

rosado

rosa

rosado

różowy

rosado

ροζ

rosado

Růžová

rosado

Vaaleanpunainen

rosado

ורוד

rosado

ピンク

rosado

Rosa

rosado

สีชมพู

rosado

A. ADJ
1. [color] → pink
2. [panorama] → rosy
B. SM (= vino) → rosé

rosado-a

a. pink.

rosado -da

adj pink
Ejemplos ?
Sobre la chimenea, entre los candelabros, había dos de esas grandes caracolas rosadas en las que se oye el ruido del mar cuando se las acerca al oído.
Arrebatado de rabia, rompí de un puñetazo el vidrio que cerraba la ventana, y pasé del retrete a las ramas de un coposo chirimoyo, cuya cima elevándose sobre los árboles del jardín mostrome la galería alumbrada por un lustro cargado de rosadas bujías; y por entre los festones de madreselva en flor, una mesa primorosamente servida, y a la condesa, que, en medio a un cortejo de jóvenes acicalados, hacía los honores de la cena.
¡Bendita seas tú, Actriz de los Bufos, ídolo de mi amigo el instintivo repórter don Vicente, que con tu apetito de diamantes y el dominio que ejerces sobre él y el temor que sentí de que fuera a caer mi oro en tus rosadas manecitas, junto con los patacones de don Mariano, hiciste surgir en mi cerebro la idea de trasladar mis fondos a casa de los judíos!, pensaba subiendo la escalera monumental del escritorio de éstos.
La mujer del farmacéutico le parecía muy feliz por dormir bajo el mismo techo; y sus pensamientos iban a abatirse continuamente en aquella casa, como las palomas del «León de Oro» que iban a mojar allí, en los canalones, sus patas rosadas y sus alas blancas.
El cielo claro estaba salpicado de nubes rosadas; la luz azulada de las velas refejaba sobre las chozas cubiertas de lirios; Carlos, al pasar, reconocía los corrales.
Renacían en cada esquina los personajes de la depravación histórica, revestidos de su aureola de misterio que turba el corazón: Marco Antonio con sus orgías, César con sus promiscuidades, Heliogábalo con sus insaciables ansias, los Borgias con sus satanismos y, sobre todo, una sarta de Evas, perlas negras, rosadas o blancas -derretidoras de médula, calcinadoras de huesos, sorbedoras de sangre, bebedoras de alma-, emboscadas y acechando, como entre flor y flor sierpe escondida...
Su pañoleta, atada a la cabeza, se agitaba al viento en los pastizales; tenía miedo a los bueyes, echaba a correr; llegaba sin aliento, con las mejillas rosadas y exhalando un fresco perfume de savia, de verdor y de aire libre.
Los árboles florecidos, las nubes rosadas en el alba y pálidas por la tarde; el aire suave que mueve las hojas y hace aletear las cintas de los sombreros de paja con especial ruido!
A menudo, cuando estaba sentada, pensativa, bajo los manzanos del vergel, asía y destrenzaba yo sus largos cabellos castaños que cubría con las blancas y rosadas flores de los árboles.
Pero la niña era tan dulce, tan simpática, y su cabecita se inclinaba tan graciosamente dejando caer sobre sus mejillas rosadas su abundante cabellera rubia, que un deleite infinito le invadía, placer todo mezclado de amargura como esos vinos mal elaborados que huelen a resina.
Por mirar cómo escapan las mujeres rosadas, Las mujeres de piedra darán vuelta sus bustos, Y en la sombra discreta de los negros arbustos Habrá una fuga fina de blancas carcajadas.
Desnudas las rosadas piernas, revueltos los rubios bucles sobre una frente de ángel, muy abiertos los dulces ojos azules, sonriente la boca fresca y pura como una flor, el más lindo de los alumnos de primer grado espía a su maestro.