rojizo

(redireccionado de rojiza)
También se encuentra en: Sinónimos.

rojizo, a

adj. Que tira a rojo el cielo estaba rojizo al atardecer.

rojizo, -za

 
adj. Que tira a rojo.
Sinónimos

rojizo

, rojiza
adjetivo
bermejo, rubescente, arrebol.
Arrebol se aplica especialmente al color de las nubes iluminadas por los rayos del sol y al de las mejillas.
Traducciones

rojizo

zrzavý

rojizo

rødblond

rojizo

oranssinruskea

rojizo

roux

rojizo

riđ

rojizo

ショウガ色の

rojizo

적갈색의

rojizo

rødgul

rojizo

imbirowy

rojizo

ruivo

rojizo

rödhårig

rojizo

แดงน้ำตาล

rojizo

màu hoe đỏ

rojizo

姜味的

rojizo

ADJreddish

rojizo-a

a. reddish.

rojizo -za

adj reddish
Ejemplos ?
Y mientras mirábamos la rojiza extensión, en cuyo límite se marcaba como ligera nubecilla el cabo de San Antonio, la arremangath gente de Nazaret tiraba de los bolichones o se arrojaba en el agua sucia.
Y en efecto, el animal acosado por los gritos y sobre todo por dos picanas agudas que le espoleaban la cola, sintiendo flojo el lazo, arremetió bufando a la puerta, lanzando a entre ambos lados una rojiza y fosfórica mirada.
Fuimos al Metropole, y desde la penumbra rojiza del palco vimos aparecer, enorme y con el rostro más blanco que a la hora de morir, a Duncan Wyoming.
Vosotras las inspiradas por el ígneo espíritu de la sublime lucha; vosotras las fuertes, las justicieras, las hermanas del esclavo rebelde y no las siervas envilecidas de los señores feudales; vosotras que habéis hecho independiente vuestra conciencia cuando millares de hombres viven aún en la sombra medrosa del prejuicio, cuando todavía muchas nervudas manos permanecen enclavijadas en ademán de súplica ante el rebenque implacable y odioso de los amos; vosotras que levantáis los indignados brazos empuñando la rojiza tea...
Conocía, asimismo, el manejo de la papelería de los archivos respecto d lo cual ha dicho Thiers en Les origines de la France contemporaine: “Avec telles ressources on devient presque le contemporain des hommes dont on fait l´histoire, et plus d´une fois, aus Archives, en suivant sur le papier jauni leurs vieilles écritures, j´etais tenté de leur parler tout haut.” :¿Y quién – digo yo – que ha pasado largas jornadas recorriendo miles de viejos papeles, que ha visto brillar las diminutas arenillas con que fue secada la tinta, ahora rojiza por el tiempo, no ha sentido esa sensación de contemporaneidad que trasporta como una alucinación?
Brotante salió la savia del árbol rojo; semejante a sangre; la savia salió en cambio de la sangre; entonces la sangre, la savia del árbol rojo se formó en bola; semejante a sangre, apareció brillante, rojiza, en bola, en la copa.
¿Ella? Y el anciano irradiaba placer por su cara simpática, rojiza entre la gris aureola de la barba y los cabellos. -Bueno; pero no consentiré tal disparate y tal injusticia -declaró Calixto-.
La ramazón rojiza del arbolado desnudo de hoja formaba un fondo como de viejo guipur, y la masa sombría, intensamente verde de las coníferas, realzaba aquellas delicadezas otoñales, contrastando con ellas de un modo brusco y vigoroso.
La cual, de pronto, quedó muda y abierta, mientras en la cara rojiza se pintaba una especie de terror, mezclado con extrañeza profunda.
Yo anhelo, Señora, Que en mi tiniebla pongas para siempre Una rojiza aspiración, hermana Del inmóvil incendio de tus torres, Y que me dejes ir En mi última década A tu nave, cardíaco O gotoso, y ya trémulo, Para elevarte mi oración asmática Junto al mismo cancel Que oyó mi prez valiente, En aquella alborada en que soñé Prender a un blanco pecho Una fecunda rama de azahar.
Poco valían aquellas plumas alborotadas del sombrero amplísimo, aquellos encajes del largo redingote, aquellos guantes calados, aquellas medias transparentes; no podían deslumbrar a nadie el hilo de perlas, el brazalete-reloj, la sombrilla con puño de nácar figurando una cabeza de cotorra; pero así y todo, ¡qué sacrificios no suponían, vistos al lado de la capota ya rojiza de la mamá y el dril cien veces lavado del blusón de la hermana menor!
Algunas noches de invierno, la desesperación nos volvía feroces, y el ilustre cerbero amanecía no sólo maniatado, sino un tanto rojiza la faz, a causa de la dificultad para respirar a través de un aparato, rigurosamente aplicado sobre su boca, y cuya construcción, bajo el nombre de "Pera de angustia", nos había enseñado Alejandro Dumas en sus "Veinte años después", al narrar la evasión del duque de Beaufort del castillo de Vincennes.