Ejemplos ?
Como en una pesadilla lo veía al maldito teniente Benegas, rodeado de sus soldados, incitándolos a concluir la obra destructora con un asalto a la bayoneta.
En cambio se encontró con que en la nave principal del templo había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad, que salmodiaba el Oficio de difuntos....
Escuchadla, y vosotros juzgaréis si puedo o no puedo tocar la corneta.... Y sentándose bajo un árbol rodeado de unos curiosos y afables adolescentes, contó la historia de sus lecciones de música.
En cambio, el duendecillo ya no podía estarse quieto como antes, escuchando toda aquella erudición y sabihondura de la planta baja, sino que en cuanto veía brillar la luz en la buhardilla, era como si sus rayos fuesen unos potentes cables que lo remontaban a las alturas; tenía que subir a mirar por el ojo de la cerradura, y siempre se sentía rodeado de una grandiosidad como la que experimentamos en el mar tempestuoso, cuando Dios levanta sus olas; y rompía a llorar, sin saber él mismo por qué, pero las lágrimas le hacían un gran bien.
Le conocía yo, sin embargo, como matemático y como poeta, y mis medidas fueron adaptadas a su capacidad, con referencia a las circunstancias de que estaba rodeado.
Tú y yo éramos muy jóvenes; fue en el tiempo en que Agatón alcanzó el premio con su primera tragedia y al día siguiente del que, en honor de su victoria, sacrificó a los dioses rodeado de sus coristas.
Se trata pues de un acto subrepticio y rodeado de tabúes, y es probable que no se reconozca, se clasifique erróneamente o se oculte de forma deliberada en las actas oficiales de defunción.
-Muy corto de memoria tendría que ser, querido Agatón, replicó Sócrates, si después de haberte visto subir a la escena tan tranquilo y seguro de ti mismo y rodeado de comediantes oído recitar tus versos sin el menor asomo de emoción y mirando a la concurrencia, me imaginara que te ibas a turbar delante de unos cuantos oyentes.
V.- Tu riqueza no estriba en estar rodeado de mendigos; ni tu sabiduría en reinar sobre ignorantes; ni tu virtud en la existencia de los perversos; ni tu fuerza por los débiles que conoces.
Por eso me río de aquellos que creen inconveniente cenar con su esclavo, y no por otra cosa, sino porque una orgullosísima usanza ha querido que el señor en su cena sea rodeado de un conjunto de esclavos de pié.
Así, el doctor José Severo Malavia que fue nuestro huésped por breve tiempo; el doctor Pedro Ignacio de Rivera, que repite el caso anterior; el doctor Jaime Zudáñez que, como se sabe, se estableció definitivamente en Montevideo y aquí muere en 1832, rodeado de la estima y consideración que sus propios y grandes méritos lo granjearon en nuestro medio.
En este punto se habían sublevado ya tres compañías y desertado para unirse con las tropas de Artigas. Rodeado de divisiones contrarias, hallándose Otorguez con mil cuatrocientos hombres, y Romarate en Sandú, y yo sin más fuerza que 20 hombres por haberse deshecho la que encargué al Mayor Pinto, resolví mi retirada al Gualeguaychú, en que permanecí veinticuatro horas, y hallándome sin esperanza de más recursos, me embarqué para Buenos Aires con los veinte hombres, y un patriota, que existe en ésta, testigo de mis situaciones”.