roce


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roce

1. s. m. Acción y resultado de rozar o rozarse dos cosas que entran en contacto el roce continuo de las piezas las desgasta. rozamiento
2. Señal dejada al rozar o rozarse una cosa con otra tendré que pintar para quitar los roces que hay en las paredes. rozamiento
3. Trato frecuente de unas personas con otras tiene mucho roce con algunos de sus compañeros de trabajo. contacto, relación
4. Discusión o enfado leve entre dos personas he tenido varios roces con mi jefe esta mañana. pique, desacuerdo

roce

 
m. Acción y efecto de rozar o rozarse.
fig.Trato o comunicación frecuente con algunas personas.
pat. Ruido de frotación que se percibe por auscultación en el nivel de una serosa inflamada.

roce

('roθe)
sustantivo masculino
1. acción y efecto de tocar o tocarse una persona o cosa con otra de manera ligera Le gustaba sentir el roce de la lluvia sobre su rostro.
2. oposición o enfrentamiento de poca intensidad entre personas No debes afligirte, esos roces son propios del ambiente laboral.
3. enemistad trato continuado y frecuente que mantienen dos o más personas tener roce familiar
Sinónimos

roce

sustantivo masculino
1 rozamiento, fricción, rozadura.
Rozadura se refiere más bien al efecto de rozar y a la señal que deja.
2 trato, comunicación.
Ejemplo: desde el verano pasado ya no existe ningún roce entre nosotros.
Traducciones

roce

SM
1. (= acción) → rub, rubbing (Téc) → friction (Pol) → friction
2. (= herida) → graze
3. (= contacto) → close contact
tener roce con algnto be in close contact with sb, have a lot to do with sb
4. (= disgusto) → brush
tuvo algún roce con la autoridadhe had a few brushes with the law
Ejemplos ?
Durante todo el día parecía no estar más que ella en toda la casa. Si charlaba con Steerforth en su habitación, oía el ruido del roce de su traje en la galería.
A su salida, el roce de sus trajes había hecho un ligero ruido, como si estuvieran hechos de hojas secas, y cuando volvieron se oyó el mismo rumor.
Pero volvían por fin, y el hachazo aún doliente de la vida del obraje era apenas un roce de astilla ante el rotundo goce que olfateaban allí.
Pronto aparecimos en una llanura donde, junto a un bosquecillo, nos esperaba un coche con cuatro vigorosos caballos; subimos y el cochero les hizo galopar de una forma insensata, Mi brazo rodeaba el talle de Clarimonda y estrechaba una de sus manos; ella apoyaba su cabeza en mi hombro y podía sentir el roce de su cuello semidesnudo en mi brazo.
Aquí todo el mundo se conoce y saluda; ni siquiera el estigma de la política ha logrado romper sus consistentes lazos de cohesión social, a pesar de apremiar siempre los momentos trascendentales de elecciones, Luego de las elementales identificaciones políticas sus disputas llevadas al campo electoral, no se han verificado rupturas definitivas, pronto se alivian los ardores del roce y retorna la integración y la familiaridad.
Con todos estos cargos me puse en roce con las personas más importantes de la ciudad y me dieron entrada en palacio, que era todo mi anhelo ya mucho tiempo hacía, porque Su Ilustrísima era hombre de gran eco entre las gentonas de Madrid, y lo que por su conducto se averiguaba en Santander, no había que preguntar si era el Evangelio.
Ustedes tienen la sensibilidad encallecida, expuesta al roce de todos los sucesos del siglo en su atropellada marcha; el alma rendida de vagar por un espacio enmarañado y de atmósfera deletérea, y las ideas revolviéndose en una órbita insegura y desequilibrada, que no les permite encariñarse con un objeto sin que otro nuevo venga a borrar su huella.
Y palabras que se toman por el roce y trato continuo de un vecino, de un conquistador, y que el uso llega a reconocer, como petimetre, que hemos tomado a nuestros vecinos; alcabala, mezquino, tambor, alajú, etc., que nos han dejado nuestros conquistadores un tiempo, los árabes.
Allá dentro, muy dentro, en las entrañas de las cosas se rozan y friegan la corriente de este mundo con la contraria corriente del otro, y de este roce y friega viene el más triste y el más dulce de los dolores: el de vivir.
Cuando amaneció bajó del árbol, pero no sin que el roce con el tronco y con las ramas hubiese desgarrado su vestido, que con las manchas, los rotos y los descosidos quedó convertido en un pingo.
La abuela, con la falda arremangada y los pies descalzos, camina a toda prisa por el angosto sendero, evitando en lo posible el roce de las ramas, de las cuales de escurren gruesos goterones que horadan el suelo blando y esponjoso del atajo.
Y este otro hombre atareado, que trabaja en el Templo, con los cabellos (por lo menos los que le quedan) más recalcitrantes que nunca, gracias al roce constante de su peluca de abogado, es mi buen, mi antiguo amigo Traddles.