Ejemplos ?
Todo a bordo estaba bien aparejado y, cuando el viento se hizo más intenso, nos dejamos llevar con dos rizos de la mesana cangreja y el trinquete.
Y el hombro torneado, Y el transparente cuello, Y el pecho entre los rizos mal velado De su rubio cabello Por la espalda y los hombros destrenzado, Y sus menudos pies mal escondidos Entre los pliegues de la suelta falda Deshechos á los soplos atrevidos Del aura licenciosa, Todo sin gran pesar lo descubria La vista cuidadosa De un viejo peregrino que subía Por la empinada cuesta trabajosa.
Y asi diciendo la apenada Blanca, Con iracunda mano Los bellos rizos de su frente arranca, Y ofende su semblante soberano, Maldiciendo á la faz del peregrino La injusticia fatal de su destino.
Y ella apenas dormida Del fuerte cuello de su amante asida, Y á medias descubierta, Leve sonrisa sobre el fresco labio Y en él palabra produciendo incierta De amante pensamiento concebido, Con el cabello en rizos destrenzado Y en la almohada tendido, Y el pecho contornado levemente Tras el lino sutíl y transparente, Estaba ¡vive Dios!
Pero vedle que llega: lo mismo que es su porte majestuoso su corazón es noble y generoso.» Y aquí la voz el capitán alzando, mandó tender la escala, y tal empeño y tal estimación viendo su dueño, con sonrisa amorosa y rostro blando los brazos tendió al árabe, que en ellos los suyos enlazando, con emoción oculta sollozando los rizos le besó de sus cabellos.
No; sus contornos despiden leve vapor, los circunda vaga luz, que les inunda en gracia, en vida, en calor. Se percibe al acercarse el grato olor del cabello, cuyos rizos de su cuello ondean en derredor.
Sobre su frente arremolinábanse los encrespados y brillantísimos cabellos, que desbordábanse en brilladores bucles sobre sus sienes y se retorcían en relucientes vedijas sobre la nuca y amenazaban, al desatarse, inundar la espalda como un torrente de rizos.
Orso clavó en ella sus ojos impúdicos; tendió la mano, apartó los rizos de oro..., y asombrado se echó atrás; en la niña desvalida, dispuesta allí para ultrajarla, veía el rostro de su hija Lucía, las mismas facciones, las mejillas, la frente, sonrojada de vergüenza.
Riendo y aspirando unos ramos de rosas »bajo los rizos negros sujetos con diamantes, »cuando el vals nos llevó juntos unos instantes »vuestros ojos brillaron sin llamas angustiosas.
Llevaba un vestido rojo oscuro; largos velos transparentes cubrían sus rizos dorados, que una diadema de piedras preciosas sujetaba sobre la frente.
La hija iba de blanco, fina y exquisita. Cintas de seda verde ondeaban como juncos entre sus dorados rizos, coronados por una guirnalda de lirios de agua.
Y se puso a pensar en todas las niñas que conocía y que tenían su misma edad, para ver si podía haberse transformado en una de ellas. - Estoy segura de no ser Ada - dijo-, porque su pelo cae en grandes rizos, y el mío no tiene ni medio rizo.