rizado

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rizado

s. m. Acción y resultado de rizar o rizarse le han hecho un rizado en el cabello muy natural.

rizado, -da

(ri'θaðo, -ða)
abreviación
que tiene rizos tener el cabello rizado
Sinónimos

rizado

, rizada
Traducciones

rizado

kudrnatý

rizado

krøllet

rizado

lockig

rizado

kihara

rizado

kovrčav

rizado

巻き毛の

rizado

곱슬머리의

rizado

krullend

rizado

krøllet

rizado

kręcony

rizado

lockig

rizado

หยักศก ที่เป็นลอน

rizado

xoăn

rizado

卷曲的

rizado

ADJ [pelo] → curly; [superficie] → ridged; [terreno] → undulating; [mar] → choppy
Ejemplos ?
Como en pecho abrumado de pena una luz de esperanza divina; como el sol en la densa neblina, de los montes rizada melena; el tañido de aquella campana, que tan alto y sonoro domina, y se pierde en la selva lejana, el tumulto en el aire serena.
Apoyado en una de las mesas colaterales, solo, y puesta la mano sobre un cubilete de dados, vestido negro, alta gorguera, y espadín al cinto, hallábase un hombre de edad indefinible, color cetrino, rizada cabellera y barba punteaguda, cuyo bigote se retorcía sombreando una boca de labios delgados y sarcásticos.
La tercera ruina era un joven alto, delgado, rubio como el oro, de nariz acaballada como el hidalgo de la Mancha, de cabellera blonda y de barba luenga y rizada a lo antiguo trovador.
De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano… "Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente.
El tiempo pasaba; don Pedro seguía cumpliendo regularmente con sus obligaciones; y cuando, por la mañana, después de haber atado en el palenque su caballo, bien rasqueteado y con la crin cuidadosamente tusada, se venía -caminando, al parecer, ligero, pero a pasitos tan cortos y menudos que su apuro era más ficticio que real- a saludar al patrón, con afectuosa humildad, su cara, de facciones distinguidas, realzadas por un cuadro de pelo negro ondulado y de barba toda rizada, recordaba esos hermosos tipos semíticos, cuya sumisa gravedad deja traslucir en los ojos, a la vez serios y risueños, algo como cierto desprecio burlón para la humanidad en general y para el interlocutor en particular.
A la lumbre postrera del sol en occidente, ¿quién no espera, mirar allí, sombría, medio perdida en la rizada gola, la cabeza severa de algún oidor, o los oscuros ojos de una dama española de nacarada tez y labios rojos, que al venir de la hermosa Andalucía a la colonia nueva el germen de letal melancolía por el recuerdo de la patria lleva?
Fijó una larga e intensa mirada en la marmórea faz del pequeño. La luz del sol, tamizándose a través del ramaje, hacía resaltar el áureo matiz de la rizada cabellera.
En su rostro tostado que la rizada y oscura barba encuadraba en un marco de ébano, brillaban los ojos de color verde pálido con expresión inquieta y obsesionada.
Pasa a los pies del molino el camino de cabras que trepa a la cima y en rápida curva se oculta tras de los primeros contrafuertes de la montaña que son a esa hora, vistos desde donde estoy, una masa de negruzca neblina argentada, rizada por los verdes matorrales que se destacan sobre el segundo contrafuerte cuya confusa masa de detalles esfuma la niebla velándolos.
Woodding, que haciendo propaganda por cuenta de la secta trinitaria, con un ejemplar de los evangelios debajo del brazo, azotas con los faldones de tu larga levita negra, las madreselvas florecidas por la primavera y paseas tu prole las cuatro chiquitinas rubias que parecen salidas de un álbum de Kate Greenway por todos los caminos planos de cerca a todos los hoteles donde cuesta la asistencia diez francos por día; enorme conde valaco o rumano de la melena rizada a la caracalla y de los ojos bovinos y apagados...
Aquel buen señor me había tomado cierto cariño, como de abuelo; decía que yo era muy lista, y que hasta sería bonita cuando me robusteciese y echase -son sus palabras- «la morriña fuera»; me pronosticaba larga vida y, magnífica salud; a los afanosos interrogatorios de mamá respecto a mis males, respondía con un temblorcillo de cabeza y un capitotazo a los polvos de rapé detenidos en la chorrera rizada: -No hay que apurarse.
La melena abundante y rizada, primorosamente repartida en el medio, y que lo menos posible cubría con el sombrero, venía a confundir sus rulos con los de la barba, larga y tallada en punta, como la de Jesús Nazareno, siendo a la vez tan suave y tan severa la mirada de sus grandes ojos, que era fácilmente explicable la impresión que hacía sobre los paisanos ignorantes.