risueñamente

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risueñamente

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Ejemplos ?
Dicho esto, el viejo Dogson meneó la cabeza estupefacto, al, tiempo que risueñamente se decía que el disfraz de su hija podía provocar un conflicto internacional.
Un equipaje no es un pañuelo que se escamotea a las primeras de cambio. Involuntariamente dirigimos los ojos al conde de la Espina y Marquesi que conversaba risueñamente con miss Mariana.
La noche a que nos referimos estaban en lo de Iñíguez los Ekdal, pues la inminencia de la gran fiesta apretaba los lazos sociales. Morán acompañó luego al matrimonio hasta su chalet, comentando risueñamente en el camino los pre­parativos para aquélla.
En sus comienzos a principios del siglo XVIII, en torno a un fuerte a orillas del río Quinto, se formaría también una posta llamada risueñamente «Las Pulgas».
Se trata de un guiso poco consistente (esta es una de las principales diferencias con el locro) a partir de (por esto algo risueñamente se dice que "el mote está a mitad de camino del locro y la mazamorra").
Desde su inicio como caricaturista que a través de su trazo ágil desfilaban risueñamente en sus obras amigos, artistas y políticos de la época.
Luego vendrían actuaciones radiales, presentaciones en los grandes festivales que proyectaron su nombre a todo el país, y su ingreso en el sello RCA Victor. De esa época de primeras grabaciones recuerda risueñamente cuando presentó a la empresa las obras del disco que se iba a editar.
Con su atractiva figura y rostro, inocentemente y de modo quizá inevitable, se vio arrastrada al mundo del "cheesecake" modelando risueñamente, donde Page era prolífica.
Solo contaba con diez libras esterlinas que le prestó un amigo para viajar: " Total para qué quiero dinero, si en navegación no voy a gastar ", se justificó risueñamente.
Rato después, un agente de policía se encargaba del arma y de su propietario, quien no ofreció la menor resistencia; así pudo establecerse que se trataba de Manuel Costa, un español de 37 años que había servido al caudillo conservador Alberto Barceló. "Evita lo envió para matarme, pero tomó tanto vino que le salió mal", festejó risueñamente Sammartino.
Parece que poco después cesó en el cargo, pues estaba otra vez en Constantinopla, donde su primo Manuel lo recriminó en privado, pero lo perdonó risueñamente en público, nombrándole duque de Niš y Braničevo, en los Balcanes (1154).