Ejemplos ?
El de las mujeres, de saya de percalina azul sobre el refajo de bayeta encarnada, jubón de paño oscuro, mantilla de franela negra con anchos ribetes de panilla, media azul y zapatos de paño negro.
Era un carácter equívoco, uno de esos indescriptibles animales del océano que no vuelan y que no son ni carne ni pescado. Tenía algo de comerciante, un poco más de contrabandista y ribetes de redomado pícaro.
uentan las crónicas, para probar que el arzobispo Loayza tenía sus ribetes de mozón, que había en Lima un clérigo extremadamente avaro, que usaba sotana, manteo, alzacuello y sombrero tan raídos, que hacía años pedían a grito herido inmediato reemplazo.
Sin embargo, hay que admitir que, el mencionado pueblo de PASAJE antes de 1760, solamente pudo haber sido un grupo disperso y amorfo de casuchas en desorden, abandonadas en los vericuetos de la jungla traicionera, el mismo que tomó fisonomía de población, con ribetes de incipiente vida social...
Allá en tiempos, fue el conde de Montiel hombre de sociedad, «sportman», espadachín, y hasta tuvo sus ribetes de político. Hoy le imponían vida metódica los años y los achaques, y ni aportaba por teatros ni aceptaba invitaciones.
Como Campoamor, tiene Mérida sus ribetes de panteísla, punto en el que no me atreveré á decir si va ó no extraviado,que, en cuanto á sistemas, por hoy ni entro ni salgo.
Que Elvira se hiciese cargo, y le perdonase, y creyese firmemente en el cariño que había de profesarle siempre. La misiva era franca, de un tono cordial, con ribetes de humilde.
Pero a entrambos se los cumplió Costanza, saliendo de la sala de su amo tan hermosa, que a los dos les pareció que todas cuantas alabanzas le había dado el mozo de mulas eran cortas y de ningún encarecimiento. Su vestido era una saya y corpiños de paño verde, con unos ribetes del mismo paño.
Cuentan que un fraile con ribetes de tuno y de filósofo, administrando el sacramento del matrimonio, le dijo al varón: «Ahí te entrego esa mujer; trátala como a mula de alquiler, mucho garrote y poco de comer».
Le llevó aquello (lo llamaba siempre así; no era drama, ni comedia, ni nada representable; era... aquello), lo llevó a un empresario que había contratado muchas veces compañías extranjeras y que tenía sus ribetes de realista.
Era éste un pobre diablo, muy popular en Lima, que recorría la ciudad llevando un maletón, especie de arca de Noé por la variedad de artículos en él encerrados. Tenía nuestro hombre ribetes de consonantero, a juzgar por el siguiente pregón con que anunciaba la venta al menudeo.
Necesitaría consultarme acerca de sus inventos —porque sí—, el Rengo con toda su vagancia tenía ribetes de inventor; el Rengo, que según propio decir se había criado "entre las patas de los caballos", en sus horas de siesta compaginaba dispositivos e invenciones para despojar de su dinero al prójimo.