revoltijo


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revoltijo

1. s. m. Conjunto desordenado de muchas cosas todo está hecho un revoltijo de cajas porque aún no nos hemos instalado. lío, revoltina
2. Confusión o enredo quería explicar tantas cosas que al final se hizo un revoltijo que nadie entendió. barullo, jaleo
3. Conjunto de tripas de una res. trenza
4. COCINA Plato de cocina que consiste en una mezcla de huevos batidos con tomate o con otros alimentos. revuelto
5. COCINA Guisado a la manera de pisto.
NOTA: También se escribe: revoltillo

revoltijo

(reβol'tixo)
sustantivo masculino
orden grupo de cosas desordenadas Tu dormitorio es un revoltijo.
Sinónimos
Traducciones

revoltijo

harampádí

revoltijo

rod

revoltijo

Kram

revoltijo

sekasotku

revoltijo

bazar

revoltijo

nered

revoltijo

散らかしたもの

revoltijo

어질러진 물건

revoltijo

rommel

revoltijo

virvar

revoltijo

nieład

revoltijo

bagunça, tralha

revoltijo

skräp

revoltijo

กองระเกะระกะ

revoltijo

yayıntı

revoltijo

sự lộn xộn

revoltijo

混乱

revoltijo

SM revoltillo SM (= confusión) → jumble, confusion; (= desorden) → mess
revoltijo de huevosscrambled eggs pl
Ejemplos ?
Era aquello como un revoltijo de virutas, y metían tanto ruido, que el Caballo de los Muertos se mareó y hubo de retirarse de la mesa.
A la vez que así nos sacaba roñosos maravedises para su majestad, echose su señoría a pesquisar a todos los empleados que tenían manejo de fondos públicos: tal revoltijo y gatuperio hallaría en el examen de algunas cuentas, que plantó en chirona a encopetados personajes responsables de éstas.
Sentado en una de éstas, apoyados los codos sobre la pétrea mesa, Carlos devoraba un respetable revoltijo de huevos fritos, jamón y salsa de tomate, mientras dirigía perezosamente miradas temerosas al fajo de periódicos sin abrir.
Consistía ella en ese agradable revoltijo de frutas que los limeños llamamos ante, en tres o cuatro conservas preparadas por las monjas y en el clásico pan de dulce.
Juan, agarra los dos tordillos; Pedro, saca el rosillo y el malacara.» Esto ya se sabía de antemano; eran los cuatro de siempre; comían maíz, trabajaban sólo en las grandes ocasiones y se mantenían gordos; pero ¿después? y mientras la agarrada de los indicados daba lugar a un revoltijo general de la caballada, seguía pensando el mayordomo.
Cada vez que le veía recordaba este proverbio, que mi madre acostumbraba a decir: "Guárdate de los señalados de Dios." Solía echar algunos parrafitos conmigo, y en tanto escogía un descalabrado botín entre el revoltijo de hormas y rollos de cuero, me iniciaba con amarguras de fracasado en el conocimiento de los bandidos más famosos en las tierras de España, o me hacía la apología de un parroquiano rumboso a quien lustraba el calzado y que le favorecía con veinte centavos de propina.
No es difícil adivinar que tal imagen expresa el deseo contrario al significado de la frase hecha Kraut und Rüben que entraña la idea de «revoltijo» y significa, por tanto, «desorden», me sorprende que este sueño me ha sido comunicado sólo una vez.
Comenzaba a estar de moda este género de lujo, y los edículos neogriegos, románicos, góticos, al apiñarse, formaban el más incoherente revoltijo.
Brotó de la rasgadura larga, humeante, todo el paquete intestinal; fiemo y sangre, en hedionda mescolanza, se emplastaron en la arena; las patas del caballo, al querer arrancar en espantada huida, se enredaron en el revoltijo de tripas colgantes, y lo pisotearon y despedazaron, sacudiendo trozos y piltrafas; el jaco, vacío, titubeó, tembló convulsivo sobre sus cuatro remos, y en tanto que el picador se zafaba pesadamente, tumbose desplomado, mascando el aire con bascas de agonía...
Pero mientras el ogro tomaba fuerzas para dar su terrible patada y la anunciaba a gritos cien veces al día, la pobre felina seguía tranquilamente en un rincón, formando un revoltijo de pelos rojos y negros, en el que brillaban los ojos con lívida fosforescencia, y coreando irónicamente las amenazas del carretero: «¡Miau!
De tamaño revoltijo don Manuel jue el presidente, y que el demonio me abente, si con tan grande amasijo, no creíba siguro y fijo el ser nombrao otra vez ese jue su empeño pues, mas se equivocó ese Cristo y aunque el cuerpo anduvo listo se le empacaron los pies.
Pronto se dio cuenta de lo ocurrido; las pocas ovejas que quedaban, desparramadas; el caballo atado a soga, que no habían querido llevarse los malhechores, para no ser vendidos por la marca, quizás, y muerto de sed y de hambre; el perro, vagando, aullando tristemente y resistiéndose a acudir a su llamada; el tirador vacío, en el suelo; el revoltijo de cosas en el rancho, y, por fin, una alpargata que, desprendida, había quedado en la orilla del pozo y le sirvió de indicio para adivinar que ahí era la tumba del pobre.