Ejemplos ?
Era la criatura lo único que despertaba en Jácome, bajo la dura coraza metálica que revestía su corazón, palpitaciones de humana ternura.
El portero, morador de la bohardilla, era de seguro quien subía a comerse su pucherete. Lorenza se irguió: aquel hecho insignificante revestía las proporciones de una sentencia.
La fealdad que generalmente caracteriza el mujick se doraba y se revestía de algo sonriente y bueno, bajo la claridad pura del astro, que descendía sobre el grupo como bendición y esperanza.
El gabinete secreto se revestía de paños negros (¡cuántos metros de satín de algodón!), y allí, ligado a una columna de mármol, de las que suelen soportar busto o florero, estaba el golfillo, pálido (¡cuánta harina!), cubierto de heridas (¡cuánto almagre!), y flaco, porque lo era, pues el cuitado, tres días antes, aún recogía colillas y pedía limosna.
De la oscura madera que revestía las paredes colgaban unos grandes cuadros con marco dorado que tenían al pie unos nombres escritos en letras negras.
Una vez terminada la obra, como la inmensa cantidad de maderas que había que emplear en los apuntalamientos aumentaba el costo del mineral de un modo considerable, se fue descuidando poco a poco esta parte esencialísima del trabajo. Se revestía siempre, sí, pero con flojedad, economizando todo lo que se podía.
En su obsesión de ver criminales por todas partes, la falta más leve adquiría a sus ojos las proporciones de un delito cuyo castigo ejecutado por su propia mano revestía a veces caracteres de crueldad salvaje.
Amar temblando, porque al través de la puerta de la alcoba, tibia y perfumada por los besos, se oía el ruido de los pasos y de las armas de los matones enviados por el marido, que subían a vengar la afrenta; amar orando, porque la Dama revestía aspecto de Madona...
Por ambos lados se erguían montañas inaccesibles, tajados peñascos, por donde no lograrían trepar ni las cabras montesas. La fértil vegetación espontánea revestía todo aquello de bravía hermosura, que causaba a la vez susto y deleitoso pasmo.
Sobre el futuro del pueblo chileno sólo esperanzas, fe y optimismo podemos guardar, a pesar de su doloroso presente. El experimento en que se empeñaron las mayorías de Chile revestía enormes dificultades.
Su edificación correspondía a la segunda mitad del siglo; pero el ornato de su interior, dispuesto en cinco cruceros o naves, se prolongó hasta el primer decenio del siglo; época en que aquellos países abundaban en excelentes escuelas de escultores, que proveían con sus creaciones a los países vecinos, mientras la pintura al óleo flamenca, al penetrar en esas provincias, se revestía nuevos rasgos peculiares y característicos.
Terminaba ño Neira de responder y ya le caía una nueva pregunta encima, y si él tenía placer en contestarnos, no lo teníamos menor nosotros en oír su lenguaje expresivo, su peculiar manera de comerse las palabras, y hasta el colorido especial con que lo revestía todo.