revólver


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revólver

(Del ingl. revolver.)
1. s. m. Arma de fuego de corto alcance provista de varias recámaras dispuestas en un cilindro giratorio situado entre el cañón y el percutor. pistola
2. MECÁNICA Dispositivo que soporta diversas piezas y que, con un simple giro, permite colocar la pieza elegida en la posición adecuada para su utilización.

revólver

 
m. Pistola de repetición con depósito central rotatorio, en forma de tambor, en el que se alojan los cartuchos metálicos.
ingen. mecán. Pieza de algunas máquinas que permite intercambiar, por giro de un disco, diversas herramientas o instrumentos.

revólver

(re'βolβeɾ)
sustantivo masculino
arma de fuego de pequeño calibre provista de un tambor para los proyectiles que se dispara con una sola mano El asaltante entró a la tienda y apuntó al cajero con un revólver.
Sinónimos

revólver

sustantivo masculino
Traducciones

revólver

revolver, pistol

revólver

revolver, pistolet

revólver

pistole, revolver

revólver

pistol, revolver

revólver

Pistole, Revolver

revólver

pistooli, revolveri

revólver

pištolj, revolver

revólver

ピストル, リボルバー

revólver

권총, 회전식 연발 권총

revólver

pistool, revolver

revólver

pistol, revolver

revólver

pistolet, rewolwer

revólver

pistola, revólver

revólver

pistol, revolver

revólver

ปืน, ปืนพกลูกโม่

revólver

súng lục

revólver

Револвер

revólver

左輪手槍

revólver

SMrevolver
Ejemplos ?
La muchacha deslumbraba, efectivamente, con su traje de raso, falda verde y blusa amarilla; luciendo en el cuello sucio un triple collar de perlas; zapatos Luis XV; las mejillas brutalmente pintadas y un desdeñoso cigarro de hoja bajo los párpados entornados. Cayé consideró a la muchacha y su revólver 44; era realmente lo único que valía de cuanto llevaba con él.
Pero en pos de los primeros momentos de confusión y de humo, me vi con el cuerpo colgado fuera del antepecho, muerto. Desde el instante en que Wyoming se había incorporado en el diván, dirigí el cañón del revólver a su cabeza.
Nos habían abandonado, aterrorizados por la enfermedad cuya peligrosidad conocían. "Tomé mi revólver, me acerqué a Alí y le encañoné cuidadosamente la cabeza.
Y la muchacha, al observar que su opresor iba a alzarla por la cintura para sentarla delante de su caballo y huir con ella, rápidamente, sin meditarlo, echó mano al revólver que él llevaba pendiente de su cinturón, y disparó casi a boca de jarro, sin contar los tiros, hiriendo a bulto, y saltando después sobre el caballo, que salió espantado, a trancos de terror.
El único viajero que le acompañaba, un militar, se había bajado, ya entrada la noche, en una estación donde le esperaba su familia. Y Julio no llevaba revólver, no llevaba arma ninguna.
-gritó Cayé a su compañero. Y parapetándose tras un árbol, descargó hacia los perseguidores los cinco tiros de su revólver. Una gritería aguda respondióles, mientras otra bala de winchester hacía saltar la corteza del árbol.
Don José lo midió de arriba a abajo con una mirada despreciativa y soltó una risotada. Acabó de perder la cabeza el hijo y tiró violentamente el revólver que llevaba al cinto.
Hasta que un día de viento norte muy feo, se oyeron en el puesto gritos desaforados, vociferaciones, insultos soeces: «a ese gringo que se le había venido a meter aquí, quién sabe con qué derecho»; y sonó un tiro de revólver, que fue a herir en el brazo al hijo mayor, quien había querido pedir al padre que se moderase.
—¡No! gritó el jefe al mismo tiempo que sacaba un revólver y disparaba silenciosamente sobre los dos desprevenidos delincuentes. Ambos cayeron fulminados al instante.
Don Ramón dejó de castigar al chico, sacó el revólver y apuntó al perro; pero pensó quizá que no podía ser esto, para él, un simple caso irreflexivo de defensa propia, sino que debía a semejante desacato de su autoridad suprema la reparación de una ejecución en forma, y con calma aparente, se fue a su cuarto, tomó una escopeta, la cargó y descerrajó contra el pobre Baraja los dos tiros, yéndose el perro a morir por allí, entre los yuyos de la quinta.
De coser bolsas en el Chaco, cuando fue allá plantador de algodón, Subercasaux había conservado la costumbre y el gusto de coser. Cosía su ropa, la de sus chicos, las fundas del revólver, las velas de su canoa, todo con hilo de zapatero y a puntada por nudo.
Pero de todos modos una hora después lanzaban a un coche descubierto sus flamantes personas, calzados de botas, poncho al hombro -y revólver 44 al cinto, desde luego-, repleta la ropa de cigarrillos que deshacían torpemente entre los dientes- y dejando caer de cada bolsillo la punta de un pañuelo de color.