restaurador

restaurador, a

1. adj./ s. Que restaura.
2. s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que por oficio restaura obras de arte u objetos valiosos el restaurador barniza el antiguo tocador. reparador
3. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que tiene o dirige un restaurante.

restaurador, -ra

 
adj.-s. Que restaura.
(Galic.) Díc. de la persona que dirige un restaurante.

restaurador, -ra

(restawɾa'ðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
1. occupations professions persona cuyo oficio es restaurar muebles, obras de arte, etc. Hizo un excelente curso de restaurador en el museo de bellas artes.
2. occupations professions culinario persona cuyo oficio es dirigir un restaurante Desde que cambió de restaurador, la calidad y variedad de los platos ha cambiado notablemente.
Traducciones

restaurador

restaurateur

restaurador

restaurateur

restaurador

A. SM/F
1. (Arte) → restorer
2. [de hotel] → restaurateur, restaurant owner
B. SM restaurador de cabellohair restorer

restaurador -ra

adj (dent, surg) restorative
Ejemplos ?
El General del Ejercito Restaurador (7) dice al Gobierno en su parte del 11 del corriente: «Todas las circunstancias y momentos nos pronostican victorias.
La misma acusación que en mi contra se mueve fue hecha por el Gobierno tiránico de Juan Manuel de Rosas, que se llamaba a sí mismo Ilustre Restaurador de las Leyes.
Los hombres que entonces quisieron iniciar en España el movimiento socialista, que era una política mucho más compleja, mucho más sabia y mucho más real, saben muy bien cómo fue para ellos una muralla granítica el republicanismo restaurador.
Y en otra fechada el 26 de octubre de 1836: “Veo con placer la marcha que sigue nuestra Patria: Desengañémonos, nuestros países no pueden ( a lo menos por muchos años) regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos, más claro, DESPOTICOS.” El 6 de mayo de 1850, tres meses antes de morir, se despide del Restaurador con significativos conceptos: “Que goce V.
Tan numerosos vicios, tan enormes ignominias como mancillaban el matrimonio, tuvieron, finalmente, alivio y remedio, sin embargo, pues Jesucristo, restaurador de la dignidad humana y perfeccionador de las leyes mosaicas, dedicó al matrimonio un no pequeño ni el menor de sus cuidados.
Alarmóse un tanto el gobierno, tan paternal como previsor, del Restaurador, creyendo aquellos tumultos de origen revolucionario y atribuyéndolos a los mismos salvajes unitarios, cuyas impiedades, según los predicadores federales, habían traído sobre el país la inundación de la cólera divina; tomó activas providencias, desparramó sus esbirros por la población, y por último, bien informado, promulgó un decreto tranquilizador de las conciencias y de los estómagos, encabezado por un considerando muy sabio y piadoso para que a todo trance y arremetiendo por agua y todo, se trajese ganado a los corrales.
Continuaba, sin embargo, lloviendo a cántaros, y la inundación crecía acreditando el pronóstico de los predicadores. Las campanas comenzaron a tocar rogativas por orden del muy católico Restaurador, quien parece no las tenía todas consigo.
Si el Partido Conservador y sus aliados son derrotados, volverán al Gobierno los mismos elementos espúreos que fueron expulsados del Congreso el 5 de Septiembre, los mismos cuyos nombres figuraron en la Convención Radical última ...” Así las cosas, vino el pronunciamiento del 23 de Enero que derrocó la primera Junta de Gobierno y, en el Manifiesto lanzado al país por los autores del movimiento restaurador del 23, se dijo: “Los responsables del movimiento del 5 de Septiembre, acabamos de reconquistar el sentido inicial de aquel acto.
Así condición ninguna tiene, sino fantasía; pero, ya se allega el día de que se le acabe, ¡ahijuna!... ¡Qué distinto proceder tiene acá el gobernador, a quien el restaurador le debe todo su ser!
utor: Señores Almirante don Manuel Blanco Encalada Y Gobernador de Valparaíso don Ramón Cavareda. Señores y amigos apreciados: La parte del Ejército restaurador situado en QuiIlota.
¡Viva la Federación! ¡Viva el Restaurador! Porque han de saber los lectores que en aquel tiempo la Federación estaba en todas partes, hasta entre las inmundicias del matadero, y no había fiesta sin Restaurador como no hay sermón sin San Agustín.
Por el contrario, los primeros Padres y Doctores de la Iglesia, que habían entendido muy bien que por decreto de la divina voluntad el restaurador de la ciencia humana era también jesucristo, que es la virtud de Dios y su sabiduría (1Cor 1,24), y «en el cual están escondidos los tesoros de la sabiduría» (Col 2,3), trataron de investigar los libros de los antiguos sabios y de comparar sus sentencias con las doctrinas reveladas, y con prudente elección abrazaron las que en ellas vieron perfectamente dichas y sabiamente pensadas, enmendando o rechazando las demás.