resignarse a

resignarse a

(resig'naɾsea)
verbo pronominal
aceptar una persona una cosa irremediable No me resigno a esta situación.
Traducciones

resignarse a

to reconcile oneself to
Ejemplos ?
Dicho esto, inútil es añadir que un muchacho andrajoso como yo había de tener que resignarse a este último partido; tanto más cuanto que no pudiendo confiar a nadie la existencia de mi tesoro, érame imposible apartarme de aquel carro que lo guardaba.
La madre Casanova era aún joven, pues acababa de cumplir treinta años, y escasamente tenía siete años de profesa. Las conventuales viejas mal podían resignarse a ser gobernadas por una muchacha.
El alsaciano acabó por resignarse a la espera de un nuevo régimen político y la florida desvergüenza de aquellos bigardones llegaba al extremo de enviar a Enrique a solicitar del propietario tarjetas de favor para entrar en el casino, donde el hombre tenía un hijo que desempeñaba el cargo de portero.
¿Resignarse? Sí, resignarse. Hay que saber resignarse a la buena fortuna. Y acaso la resignación a la dicha es la ciencia más difícil.
¡Como si él, acostumbrado a trabajar sus terrones y a dirigirlo todo, pudiera resignarse a permanecer inactivo...
¿Qué hacer? ¿Renunciar a los ochenta pesos, o resignarse a una posible desilusión conyugal? Si este hombre no fuera honrado, no le importaría que le cortejaran a su propia esposa.
Son semejantes a las células vigorosas, multiplicadas por la acción de sueros inmunizadores y cuyo destino es batallar contra los microbios patógenos y devorarlos. Hay que batir al enemigo en su terreno y con sus armas, o resignarse a sucumbir.
¿Cuál es la cobardía mayor, temer la vida o temer la muerte? ¿Resignarse a lo conocido o afrontar el misterio? Matarse es una cobardía a la que pocos se atreven; el presidiario que intenta evadirse, horadando el muro, es más viril que el que se queda esperando órdenes en el calabozo, y me parece cosa grande convertir en llave el cañón de un revólver, y salir del mundo por el pequeño agujero de la sien.
Y esa tiene que ser la consigna de los hombres que tienen las armas en la mano y de los que tienen el poder en la mano: no cansarse nunca de soportar, no cansarse nunca de resignarse a todas las amarguras y a todas las provocaciones, excepto cuando ya se vayan a poner en peligro los intereses más sagrados del pueblo.
Hombres hay que dicen (¡habrá bellacos!) que siempre gallina amarga la cocina, o lo que es lo mismo, que es mucha plepa resignarse a no mudar de compañera.
La liquidación de la burguesía nacional, tendencia histórica que a nadie escapa, lleva implícita la desnacionalización continua y la pérdida cada vez ma­yor de peso político de la burguesía nacional y de sus concepciones. Quienes quieran sobrevivir deberán resignarse a la asociación o la dependencia del ca­pital imperialista o perecer.
Nadie aprende, por si un día hace falta, a resignarse a dormir en un lecho de rosas, pero cualquiera se fortalece para no rendir su fe en medio de los tormentos, y por su convenía velar en pié y herido en la trinchera, sin apoyarse ni en la lanza, por tal como sueño acostumbra a invadir a los colgados en algún soporte.