resero


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resero, a

1. s. GANADERÍA Persona que cuida de las reses.
2. GANADERÍA Persona que compra reses para venderlas.
3. s. m. Argent., Urug. GANADERÍA Arreador de reses, en especial de ganado vacuno, destinadas al consumo de la población y aprovechamiento industrial.
Traducciones

resero

/a (LAm)
A. SM (= vaquero) → cowboy, herdsman
B. SM/F (= comerciante) → cattle dealer
Ejemplos ?
No era agua; no era barro; sólo se conocía que el suelo ya no podía tragar más. Las ovejas perdían rápidamente su aspecto hermoso de hacienda gorda y sana; ningún resero ya las hubiera pensado en arrear.
Un caponcito de los a quienes todavía no podía tocar la suerte, oyó entonces que el dueño de la majada decía al resero, señalando al capón viejo: «A ese animal le voy a poner cencerro, pues nunca lo podré vender; nunca lo he visto gordo; apenas a veces ha llegado a ser regular.
Pero el hombre no se atrevió a insistir en su pedido al comerciante, y sólo tuvo el comisario el consuelo de hacerle arrestar en la estación, cuando ya, sin haber pagado, se mandaba mudar, este resero sin tropa ni plata, que no era más, como pronto se supo, que un ladrón profesional.
Y vende, él también, al resero, trescientas yeguas de un golpe, para comprar cincuenta vacas: toda una evolución incipiente; el derrumbamiento de todo un pasado de atraso y de ignorancia, el cimiento de todo un porvenir de civilización y de riqueza.
Antes que todo, el color del caballo: es el rosillo de don José el resero; o el malacara de don Justo, un vecino fregador, que, cada tric y traque, viene a pedir rodeo; o el zaino bichoco del napolitano Juan -seguro que se habrán mixturado las majadas-, o el ruano de sobrepaso de don Eugenio, que viene a ver los cueros, o el caballo desconocido de algún transeúnte que viene a pedir licencia; y, según la visita, esbozan los ojos del campesino una sonrisa de contento o una mueca de fastidio.
Un resero, que compre y arree animales para dentro, o que vaya para fuera con hacienda de cría, merece siempre ser bien recibido; pues de él no se puede esperar sino cosa buena: dinero, si compra, datos, si se muda.
Y como el viejo Ortiz, muy halagado por el pedido, por previsto que fuese, le preguntaba al resero, con aire socarrón, si no tenía recelo de que le saliera muy criolla la hacienda, don José, galante, contestó que, tratándose de flores, cambiaba de especie la cosa, y que hay violetas del país y rosas criollas que pueden competir con las mejores flores importadas.
-«Tomo -decía,- porque hay; pero no me gusta la leche.» Asimismo, confesaba que con el café era buena, y que el arroz con leche, eso sí, le gustaba de veras; y efectivamente, se zampaba los platazos. Un día vino un resero a ver los novillos.
El año vino regular: en las majadas hubo poca sarna, bastante parición y los capones engordaron bien; pero en la de Juan no hubo ni rastro de sarna, su parición fue sobresaliente y de ella apartó el resero doble número de capones que de cualquier otra.
Otro vino de resero, de lazo en el anca, de tirador con monedas, habiendo dejado, decía, la tropa que conducía, a dos leguas del pueblo por tener que esperar un dinero que le debía mandar su patrón y que no le había llegado todavía.
Acababa por ceder el santiagueño, porque posee el dinero gran poderío convencedor; pero, con todo, quedaba inquieto, con el temor siempre de que no le alcanzaran los caballos. Se reía el resero.
Es cierto que este mismo tirador sencillo, modesto y sin pretensión, suele, a veces, ensancharse en la opulenta panza de algún resero cargado de pesos, o en el talle elegante de algún gaucho compadre, en vena de prosperidad, con un lujo de adornos y de monedas de plata, capaz de tentar a algún pobre.