reseco

(redireccionado de resecos)

reseco, a

1. adj. Que está demasiado seco tengo la boca reseca; el pan de ayer está reseco.
2. Que está muy delgado con tanto régimen te has quedado reseca. flaco, resequido
3. s. m. Parte de cera que se queda sin melar.
4. BOTÁNICA Parte seca de un árbol o arbusto.

reseco, -ca

 
adj. Demasiado seco.
Seco, flaco.
Entre colmeneros, parte de cera que queda sin melar.

reseco, -ca

(re'seko, -ka)
abreviación
1. cosa húmedo que está muy seca pan reseco, piel reseca
2. persona, animal gordo que está muy flaco Solo conservaba unos caballos resecos y viejos en su propiedad.
Traducciones

reseco

ADJ
1. (= muy seco) → very dry, too dry
2. (= flaco) → skinny, lean

reseco-a

a. dried up; parched.

reseco -ca

adj dry, dried, dried out
Ejemplos ?
El verano trajo consigo, como suele suceder después de las grandes lluvias, un período de sequía bastante largo, y pudieron don Bernabé Videla y sus vecinos comprobar otra ventaja de las numerosas zanjas cavadas en sus estancias: mientras que en las lomas quedaban solamente brezas de cardo y trébol, suficientes apenas para que no muriesen de hambre las ovejas, y en los cañadones sin sanear, pastos duros y resecos, en el fondo y en las faldas de todas las zanjas grandes y pequeñas que en conjunto venían, por su multiplicidad, a representar una regular extensión de tierra, crecían con lozanía y se conservaban verdes como albahaca, gramillas y otras plantas apetecidas, por su sabor y su frescura, por la hacienda.
Y me recorre una nostalgia nítida de futuros hechos idos por tus ojos en galera, antifaces que se pierden; por tus manos sierpes, sutiles venenos que se filtran en los quiebres resecos de mis tierras.
En las sendas desnudas, abrasa la arena negra y gruesa, y entre los matojos óyese el ruido que producen las culebras y lagartijas que, hartas de luz y calor, se deslizan buscando un poco de sombra entre el escueto ramaje de las murtillas y los tallos de los cardos erguidos y resecos.
No habiendo parecido entenderlo el Año expirante, el médico separó las quijadas que se entrechocaban, y puso la cuchara llena entre los resecos labios.
Pero la luz de aquellos ojos, la felicidad en que se iban anegando mientras me acercaba, el mareado relampagueo de dicha, hasta el estrabismo, cuando me incliné sobre ellos, jamás en un amor normal a 37° los volveré a hallar. Balbuceó algunas palabras, pero con tanta dificultad de sus labios resecos, que nada oí.
No intentaba sin su permiso el más mínimo acercamiento, ni pronunciaba una palabra de amor, limitándose a mirarla inmensamente con ojos resecos que atenebraba la pasión, quemada la boca por el hondo anhelar, desolada la frente, devastado el gesto que de pronto encendían con febricitante resplandor, internos relámpagos.
El viento removía los follajes resecos de los eucaliptus, y cortándose en los troncos y los altos tilos del telégrafo, silbaba ululante.
Luis había vuelto el rostro en dirección de la reja, y la monja le consideraba con susto; tal le hallaba de desencajado, los ojos asombrados y fijos, la boca contraída, negros y resecos de calentura los labios, el aliento que de ellos salía, impuro y fétido como la exhalación que se levanta de revuelto pantano en horas de tormenta.
Aunque tenía la seguridad de que le daría una sorpresa desagradable, fingía estar segura de mi "decencia de caballero", mas el esfuerzo que tenía que efectuar para revestirse de esa apariencia de tranquilidad, ponía en el timbre de su voz una violencia meliflua, violencia que imprimía a las palabras una velocidad de cuchicheo, como quien os confía apuradamente un secreto, acompañando la voz con una inclinación de cabeza sobre el hombro derecho, mientras que la lengua humedecía los labios resecos por ese instinto animal que la impulsaba a desear matarme o hacerme víctima de una venganza atroz.
En la flaqueza del rostro, y en las ropas que pendían holgadas de los miembros resecos, se adivinaba el porqué de ese aspecto decrépito y precozmente senil: aquel hombre agonizaba, agonizaba de hambre y de sed.
LAS QUEMAZONES CUANDO SE VA EL VERANO Al término del verano los potreros aledaños a los pueblos, se ven acosados con janeiros resecos y cargados de garrapatas y garrapatillas, que están como racimos en el envés de las hojas y por el suelo.
Así que los pobres guajolotes extendían sus alas a más no poder y abrían los picos desmesuradamente para no ahogarse. Los ocelotes se tiraban cuan largos eran debajo de los resecos arbustos y los osos no querían salir de sus cuevas.