rencoroso

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rencoroso, a

adj./ s. Que siente rencor o tiene tendencia a sentirlo nunca te perdonará porque es muy rencorosa. resentido

rencoroso, -sa

 
adj. Que tiene o guarda rencor.

rencoroso, -sa

(renkoɾoso, -sa)
abreviación
que siente rencor o tiene tendencia a sentirlo Perdónalo, no seas rencoroso.
Sinónimos

rencoroso

, rencorosa
Traducciones

rencoroso

حَقُود

rencoroso

zlomyslný

rencoroso

ondskabsfuld

rencoroso

boshaft

rencoroso

ilkeä

rencoroso

rancunier

rencoroso

pakostan

rencoroso

意地の悪い

rencoroso

악의적인

rencoroso

hatelijk

rencoroso

ondskapsfull

rencoroso

złośliwy

rencoroso

maldoso

rencoroso

retsam

rencoroso

ซึ่งมีเจตนาร้าย

rencoroso

kinci

rencoroso

hằn học

rencoroso

怀恨的

rencoroso

ADJ
1. [ser] → spiteful, nasty
2. [estar] (= resentido) → resentful; (= amargado) → bitter
Ejemplos ?
Alimentaban a sus hijos, alegraban su cautividad con gorjeos, o aferrándose a los barrotes, batían contra ellos sus alas y mordían con sus picos el mimbre. A veces ponían en Manolo sus ojos negros, rencorosos, ardientes...
Esos ojos qu'otros días me miraban chiqueninos, entornaos, zalameros y hora miran rencorosos y asustaos del sentir que llevas drento y de l'honra de tu casta que derrumban ese jambre que tú tienes de dinero y ese orgullo mardecío, porque sabes qu'eres guapa, más que toas las del pueblo.
Un gesto de ira anubló su rostro; una maldición salió por su boca, y sus puños se alzaron temblantes, rencorosos, contra la torre de la iglesia, que negreaba como una lanza de combate en el espacio azul.
Blasfemaban los pastores maldiciendo la fortuna de los amos y señores que habitaban los palacios de la mágica ciudad; y gruñían rencorosos como perros amarrados venteando los placeres y blandiendo los cayados que heredaron de otros hombres como cetros de la paz.
Una nación de mocetones del Norte, hechos de siglos atrás al mar y a la nieve, y a la hombría favorecida por la perenne defensa de las libertades locales, no puede ser como una isla del trópico, fácil y sonriente, donde trabajan por su ajuste, bajo un gobierno que es como piratería política, la excrecencia famélica de un pueblo europeo, soldadesco y retrasado, los descendientes de esta tribu áspera e inculta, divididos por el odio de la docilidad acomodaticia a la virtud rebelde, y los africanos pujantes y sencillos, o envilecidos y rencorosos...
Quiero decirles, para que sepa la prensa internacional, a los primeros aymarás, quechuas que aprendieron a leer y escribir, les sacaron los ojos, cortaron las manos para que nunca más aprendan a leer, escribir. Hemos sido sometidos, ahora estamos buscando cómo resolver ese problema histórico, no con venganzas, no somos rencorosos.
Pero la suprema injusticia de estos y otros rencorosos juicios de gentes a quienes Paparrigópulos ningún mal ha hecho, su injusticia notoria, se verá bien clara con sólo tener en cuenta que todavía no ha dado Paparrigópulos nada a luz y que todos los que le muerden los zancajos hablan de oídas y por no callar.
Y si no fuera porque los hombres y los pueblos a la hora del triunfo no han de ser rencorosos, valdría la pena mencionar más de cuatro nombres de descarados (EXCLAMACIONES); los mismos que decían que la solución era el primero de noviembre, no este, sino el otro, el anterior; y los mismos que si no llega a ser por la Revolución, dicen que la solución son las elecciones de 1962 (ABUCHEOS).
El que me lo decía tomaba por testigo a Hesiodo, y citaba este verso: « El ollero es por envidia enemigo del ollero, el cantor del cantor, y el pobre de pobre .» Y añadía, que en todas las cosas los seres, que se parecen más, son los más envidiosos, los más rencorosos y los más hostiles entre sí; mientras que los que más se diferencian, son necesariamente más amigos.
Algunos decían en su debate acá para expulsarme: hay que acabar con el radicalismo sindical; ahora nos toca decir, hay que acabar con el radicalismo neoliberal, hermanas y hermanos. Pero lo vamos a hacer sin expulsar a nadie, no somos vengativos, no somos rencorosos, no vamos a someter a nadie.
Aquellas escenas incesantes que parecían ser casi físicamente necesarias para ti, y en las que tu mente y tu cuerpo se deformaban y te convertías en algo tan terrible de mirar como de escuchar; esa manía espantosa que has heredado de tu padre, la manía de escribir cartas repugnantes y odiosas; esa absoluta falta de control sobre tus emociones que se manifestaba lo mismo en tus largos y rencorosos estados de silencio reconcentrado como en los accesos súbitos de ira casi epiléptica...
A eso lleva el aceptar que en vez de a cien, echen a sesenta y cinco. Los que quedan humillados, y los que se van, se van rencorosos.