rencor

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rencor

(Del lat. rancor, -oris.)
s. m. SICOLOGÍA Sentimiento de odio o antipatía hacia la persona de la que se ha recibido algún daño a pesar de lo que me has hecho, no te guardo rencor. encono, resentimiento

rencor

 
m. Resentimiento arraigado y tenaz.

rencor

(ren'koɾ)
sustantivo masculino
sentimiento de odio o antipatía hacia alguien por algún motivo determinado No le guardo rencor a pesar de su comportamiento.
Sinónimos

rencor

sustantivo masculino
Traducciones

rencor

rancune

rencor

zášť, zlomyslnost

rencor

nag, ondskab

rencor

ilkeys, kauna

rencor

inat, zamjerka

rencor

恨み, 意地悪

rencor

악의, 원한

rencor

nag, ondskap

rencor

hysa agg, illvilja

rencor

เจตนาร้าย, ความไม่เต็มใจ

rencor

kin, kincilik

rencor

sự ác ý, sự oán giận

rencor

不满, 恶意

rencor

SM (= amargura) → rancour, rancor (EEUU), bitterness; (= resentimiento) → ill feeling, resentment; (= malicia) → spitefulness
guardar rencorto bear malice, harbour o (EEUU) harbor a grudge (a against) no le guardo rencorI bear him no malice
Ejemplos ?
Yo mi amor te ofrecí, bienes y honores, y te inmolé mi fe y el ser que tengo; tú preferiste ingrato mis rencores: me ofendiste cruel, cruel me vengo.
Pero en eso allá tú, porque a mí no me gusta meterme en camisa de once varas, y más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena; pero que te coste a ti que a veces penas se lloran que pudieron haber sío alegrías, y, en fin, perdona si en algo te ofendí sin querer y no me tomes tirria, que yo te quiero a ti bien y me sabrían a retama tus rencores.
El Rubio se había vuelto el gran conquistador de corazones, en las chacras y quintas del pueblito y, a pesar de los celos que entre sus víctimas despertaba su conducta, de los odios y rencores que sus infidelidades entre ellas suscitaban, se daba maña el hombre para conseguir, hasta de las más resentidas, sonantes auxilios que le servían para aumentar el número de sus esclavas, mofándose de las amenazas de padres y maridos engañados.
Brunetti, cuya verdadera vocación era la cirugía, pero que acosado por el hambre, había llegado a vivir del cornetín (un cornetín estridente que tocaba el pobre napolitano con todo el furor de los rencores de su vocación paralizada), Brunetti se había dedicado al fin a componer música para óperas y dramas líricos, considerando que las partituras se parecían unas a otras hasta la desesperación del pobre instrumentista, y que vista una ópera, estaban hechas todas.
Acaso dos monarcas enemigos Que en pos corriendo de funesta gloria, Sobrados materiales a la historia En bárbaros combates preparaban, Al ver entonces el terrible aspecto De la celeste cólera, temblaron: En un sagrado templo guarecidos, De palidez cubiertos se abrazaron, Y al punto sofocaron Sus horrendos rencores en el pecho.
TOMO 2 PRIMER ACTO Estoy sintiendo estallarme la tristeza por un odio sin fin, antes amores, que va naciendo mezclado de temblores parturientos de rencores y de duelos en el centro de mis sueños derrotados, frustrados en sus hilos deshilados por la estatua interior sin osamentas que me sostuvo de la nada.
Y ante el claro matizar de sus siluetas viviré nuevamente las distancias y sin rencores áspides y sin dolores ácidos y sin temores áridos agrandaré la fogata de mi carne para vivir amante de tu rostro fusionado al mío con el soporte de él… con tu sexo incrustado en el de ella y el mío en tu sed… con sus senos compartidos, ambidiestros mientras manos volátiles de hembra mueven nuestros fuegos túrgidos de machos… y en el exceso de nuestros dedos sentir la ondulación de sus entrañas al impacto de tanto semen.
No nos extravían rencores, no nos halagan ambiciones, sólo queremos ser libres e iguales, como hizo el Creador a todos los hombres.
Desde el umbral de la gloria que han alcanzado, ellos se vuelven hacia nosotros estoicamente y nos señalan la ruta inmensa que habremos de proseguir para merecer la magnitud de su espléndido sacrificio: servir; servir en el trabajo y en la concordia, como ellos sirvieron en las batallas. Vivir; vivir unidos, sin egoísmo y sin rencores, como ellos —sin egoísmo y sin rencores— se unieron para morir.
Algunos se alejan, aunque estén en sí; inmóviles cactus; otros se aproximan sin saber a qué. Ciertos se recrean en su perdición narcótica; muchos se envenenan en sed de rencores alcohólicos.
e invito desde el destierro. Sin despecho, sin rencores. En este risueño encierro, hospital de mis dolores, estoy cantando el entierro de nuestros muertos amores.
La España estaba más lejana del foco de las ideas nuevas; las que en otros países caducaban ya eran nuevas todavía para ella, porque, recién salida de la larga dominación musulmana, veía todavía en el catolicismo el paladium que la había salvado. Siete siglos, además de guerras y rencores religiosos, debían haberla hecho más fanática.