relojero

relojero, a

s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que por oficio hace, arregla o vende relojes el relojero me dijo que el reloj de pulsera de mi padre es de oro.

relojero, -ra

 
m. f. Persona que tiene por oficio hacer, componer o vender relojes.
f. Mueblecillo o bolsa para poner o guardar el reloj de bolsillo.
Traducciones

relojero

watchmaker

relojero

horloger

relojero

orologiaio

relojero

Uhrmacher

relojero

horlogemaker

relojero

relojoeiro

relojero

zegarmistrz

relojero

Urmager

relojero

שען

relojero

urmakare

relojero

/a SM/F (= fabricante) (de relojes de pulsera) → watchmaker; (de relojes de pared) → clockmaker
Ejemplos ?
El platero, el relojero, el diamantista, no son tan útiles en la sociedad como los primeros, y sin embargo de esto son los más nobles.
y, después de cada ensayo, repites para tu sayo:- «¡Son leyes de la materia!» Y como, firme y certero, todo, entre uno y otro polo, sigue su ley, dices fiero:- «pues el reloj anda solo, ¡no hace falta relojero!» Y, cuando de tu sistema eliminas a Elihú, sacas, por final teorema, que hay una Fuerza suprema, y esa fuerza no eres tú.
-El marqués de... acababa de llegar de París; quería mandarla limpiar, y no conociendo a ningún relojero en Madrid le prometí enviársela al mío.
No se ha encontrado quien compusiera tu reloj; sabe más que tú y que todos nosotros; por más que ha querido el relojero gobernarlo, él no se ha dejado gobernar.
Se echó de la cama el emperador, y mandó llamar a un médico. El médico no supo qué hacer: y vino el relojero. El relojero, mal que bien, puso las ruedas locas en su lugar, pero encargó que usasen del pájaro muy poco, porque estaban gastados los cilindros, y el ruiseñor aquel no podía en verdad cantar más de una vez al año.
En la puerta iba ya el relojero, y todavía le estaba diciendo el maestro de música malas palabras: «¡traidor! ¡venal! ¡chino espurio!
¿No es verdad que ningún relojero hubiera hecho nunca un reloj si no se hubiese valido de un matemático que le hubiese dado los datos que le eran indispensables?
«No sin fundamento -dice un amigo mío- que todo anda metalizado: desde el apretón de menos hasta los latidos del corazón». En la calle de Bodegones existía un italiano relojero, el cual ostentaba sobre el mostrador un curioso reloj de sobremesa.
En la buhardilla había también una mesa de pino tea blanca, con un cajón lateral. Allí encontróse cierto torno de relojero, y un juego de limas finas.
La tienda de Bodegones era sitio de tertulia para los lechuguinos contemporáneos del virrey bailío Gil y Lemos, a varios de los que dijo una tarde el relojero: -¡Per Bacco!
-¡Ah!- quedé pasmado mientras Alicia me decía: -Sí, por aquí también anda que anda y anda el conejo relojero, la reina de las barajas, la tontuela de Blanca Nieves, la muy hipocritona de Cenicienta dándole vuelo a la hilacha en los bailes, como Rosita Alvírez de los corridos mexicanos o la dama de Sevilla que va a la Ermita de San Simón.
El maestro de música le echó encima un discurso al relojero, y le dijo traidor, y venal, y chino espurio, y espía de los tártaros, porque decía que el pájaro continental no podía cantar más que una vez.