relincho

(redireccionado de relinchos)

relincho

1. s. m. Voz del caballo.
2. coloquial Grito o manifestación de alegría lanzó un relincho al observar el gol de su compañero.

relincho

 
m. Relinchido.

relincho

(re'lint∫o)
sustantivo masculino
1. voz del caballo Se oía de lejos los relinchos de la manada.
2. manifestación de satisfacción Cuando se enteró del resultado, lanzó un relincho de alegría.
Traducciones

relincho

hennissement

relincho

neigh, whinny

relincho

SMneigh, neighing, snort, snorting
Ejemplos ?
Habíamos llegado a Santa María y tuvimos que guarecernos en el cancel de la iglesia para dejar la calle a unos soldados de a caballo que subían en tropel: Eran lanceros castellanos que volvían de una guardia fuera de la ciudad: Entre el cálido coro de los clarines se levantaban encrespados los relinchos, y en el viejo empedrado de la calle las herraduras resonaban valientes y marciales, con ese noble son que tienen en el romancero las armas de los paladines.
Esto sucedió un poco antes de que los caballos se dieran a la fuga. Algo los había despertado durante la noche, y sus relinchos y su cocear habían sido algo terrible.
-Atiende -le dijo a José el caballo blanco-; ahora voy a dar muchos saltitos y hacer piruetas, y esto le hará gracia a Bella-Flor; te dirá que quiere montar un rato, y tú la dejarás que monte; entonces yo me pondré a dar coces y relinchos; se asustará, y tú la dirás entonces que eso es porque no estoy hecho a que me monten las mujeres, y montándome tú, me amansaré; te montarás, y saldré a escape hasta llegar al palacio del Rey.
-Pos no pasó na ni le rompió ningún tendón, sino que cuando carculó el hombre que el otro podía estar ya en las Baleares, empezó a dar coses y relinchos, y a decir que se diba a comer de un bocao er clavel, y el ojal, y la chaqueta, y ar Talabartero.
Como en el otoño descarga una tempestad sobre la negra tierra, cuando Zeus hace caer violenta lluvia, irritado contra los hombres que en el foro dan sentencias inicuas y echan a la justicia, no temiendo la venganza de los dioses; y los ríos salen de madre y los torrentes cortan muchas colinas, braman al correr desde lo alto de las montañas al mar purpúreo y destruyen las labores del campo; de semejante modo corrían las yeguas troyanas dando lastimeros relinchos.
Iniciada estaba en los misterios del harem, y cuando al rebuzno del pachá respondían eróticos relinchos, ella sabía si eran del caso o no eran idilios a puerta cerrada, y cuál la odalisca que debía ir al tálamo.
No sin miedo, pero con deleite, pasaba horas enteras entre los cascos de los nobles brutos, cuyos botes, relinchos, temblores de la piel, me imponían una especie de pavor religioso y cierta precoz humildad femenil voluptuosa, que conocen todas las mujeres que aman al que temen.
Cuando sabe que se han marchado, alborota la cocina a berridos, dale su padre un par de guantadas, interpónense el seminarista y su madre, apágase la lumbre, oscila la luz del candil, dormita la moza, maya perezoso el gato, caésele la pipa más de una vez de la boca al tío Jeromo, habla torpe sobre los fenómenos de la luz el seminarista; y cuando los relinchos de los marzantes se escuchan lejanos, hacia el fin de la barriada, desfila a paso tardo y vacilante la familia del tío Jeromo a buscar en el reposo del lecho el fin de tan risueña y placentera velada.
II Su aliento humo, sus relinchos fuego -Si bien su freno espumas- ilustraba Las columnas, Etón, que erigió el Griego, Do el carro de la luz sus ruedas lava, Cuando de amor el fiero jayán ciego, La cerviz oprimió a una roca brava, Que a la playa, de escollos no desnuda, Linterna es ciega y atalaya muda.
Uno, levantando en alto su ancho pecho y erguida la cabeza ensaya contra mí un pugilato con sus patas delanteras; otro, volviendo su musculosa grupa, las emprende a coces conmigo; un tercero, después de avisarme con amenazadores relinchos, me desgarra el pellejo, con dos hileras de blancos dientes...
Estos se sustentan a expensas públicas en las mismas selvas y bosques sagrados, todos blancos, y que no han servido en ninguna obra humana, y en cuanto llevan el carro sagrado, los acompaña el sacerdote, y el rey o príncipe de la ciudad, y consideran atentamente sus relinchos y bufidos.
Nadie los portillos guarda, nadie vigila en los muros, todo es peligro y desorden, todo confusión y susto: los relinchos de caballos, los ayes de moribundos, las carcajadas, las voces, las blasfemias, los insultos, el crujido de las armas, los varios trajes, los duros rostros formaban un todo tan horrendo y tan confuso, alumbrado por la llamas o escondido por el humo, que asemejaba una escena del infierno y no del mundo.