reino de Aragón

Aragón, reino de

 
hist. Condado cristiano independiente en el alto valle del río Aragón (s. VIII). En 1035 se erigió en reino independiente. Sus dominios se reducían a los valles pirenaicos. El matrimonio de Petronila de Aragón con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona en 1137 originó la unión del reino de Aragón y el principado de Cataluña. La Corona de Aragón se unió al reino de Castilla por el matrimonio de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla en 1469.
Ejemplos ?
Para formarnos en la actualidad alguna idea de la jurisprudencia de la inquisición, y de su forma de enjuiciar desconocida en los demás tribunales, recorreremos el Directorio de los inquisidores, que Nicolás Eymeric, inquisidor general del reino de Aragón hacia mediados del siglo catorce, compuso en latín y dirigió a sus compañeros los inquisidores en virtud de la autoridad de su destino.
Dicen algunos que está allí como símbolo del silencio, y con igual significado aparece en otras iglesias del reino de Aragón, imponiendo recogimiento a los fieles; pero el pueblo valenciano no cree en tales explicaciones, sabe mejor que nadie el origen del espantoso animalucho, la historia verídica e interesante del famoso “dragón del Patriarca”, y todos los nacidos en Valencia la recordamos como se recuerdan los cuentos “de miedo” oídos en la niñez.
Fugitivo a pocos meses Antonio Pérez, el reino de Aragón turbó con bandos y desastrosos sucesos, y condenado y proscrito, pobre, aborrecido, enfermo, murió en la mayor miseria en países extranjeros.
o ha muchos años que en la hermosísima y noble ciudad de Zaragoza, divino milagro de la Naturaleza y glorioso trofeo del Reino de Aragón, vivía un caballero noble y rico, y él por sus partes merecedor de tener por mujer una gallarda dama, igual en todo a sus virtudes y nobleza, que éste es el más rico don que se puede alcanzar.
La referencia documental más antigua, el Rótulo de Benasque, data de 1006 a 1018. Desde el siglo XI perteneció al Condado de Ribagorza, parte del Reino de Aragón.
Tenía un sistema de gobierno muy rígido en cada uno de los territorios que la componían (reino de Aragón, reino de Valencia, reino de Mallorca, reino de Cerdeña, reino de Sicilia, condado de Barcelona, condado de Rosellón y condado de Cerdaña), con una serie de privilegios de la nobleza que limitaban mucho el poder del rey.
La unión del Reino de Aragón con el Condado de Barcelona en lo que sería la Corona de Aragón supuso una importante influencia mutua entre la lengua aragonesa y la lengua catalana.
La Reconquista, o expansión del primitivo Reino de Aragón hacia el sur sobre tierras musulmanas, llevaría consigo el idioma por todo el territorio conquistado, siendo los siglos XIII y XIV aquellos en que abarcaría su mayor extensión.
La reacción bélica de Felipe V en el año siguiente supuso la conquista del reino de Valencia, tras la batalla de Almansa (25 de abril de 1707). Lo mismo sucedió con Zaragoza y el reino de Aragón, que fueron tomados rápidamente.
En la misma línea, se encargó un Ceremonial y breve relación de todos los cargos y cosas ordinarias de la Diputación del Reino de Aragón, a su Teniente de Alcaide, Lorenzo Ibáñez de Aoiz.
El Consejo Supremo de Aragón era un órgano consultivo de la corona creado en 1494, a raíz de una reforma en la Cancillería Real realizada por Fernando el Católico, que desde 1522 estaría integrada por un vicecanciller y seis regentes, dos para el reino de Aragón, dos para el reino de Valencia y dos para el Principado de Cataluña, Mallorca y Cerdeña.
Destaca en este sentido la creación en 1601 del Archivo del Reino de Aragón (en gran medida destruido durante la Guerra de la Independencia Española y los Sitios de Zaragoza junto con el Palacio de la Diputación del Reino), la continuidad del cargo de Cronista de Aragón —donde habían destacado autores como Jerónimo Zurita— y sus resultados patentes en la obra de los hermanos Argensola con su Información de los sucesos de Aragón de 1590 y 1591 (de Lupercio) y Alteraciones populares de Zaragoza del año 1591 (de Bartolomé, o los Anales de Juan Costa y Jerónimo Martel, testigos presenciales y también cronistas del Reino, que fueron no obstante destruidos por la censura regia; obras todas ellas escritas para contrarrestar la versión filipina de los hechos.