regionalista

regionalista

1. adj. POLÍTICA Del regionalismo tiene unas ideas regionalistas.
2. adj./ s. m. y f. POLÍTICA Que es partidario del regionalismo político.

regionalista

 
adj.-com. polít. Partidario del regionalismo.
adj. Perteneciente al regionalismo o a los regionalistas.
Traducciones

regionalista

regionalista

regionalista

regionalistische

regionalista

ADJ & SMFregionalist
Ejemplos ?
Se explica perfectamente ese movimiento instintivo de la nueva generación en busca de una realidad en que afirmar los pies, eso que sé ha llamado movimiento regionalista, aunque propiamente no lo sea.
El revivir del carlismo no es más que un mero síntoma del revivir del regionalismo en cierto modo socialista, o del socialismo regionalista.
y allí los hubiera pasado todos si su padre el doctor Carrizales no hubiera caído mal al secretario de la subprefectura, un tal De la Haza, que era, aun tiempo, redactor de la La Voz Regionalista, singular decano de la prensa de P.
Como no podían hablar de otra cosa, trataban de crear una división regionalista; todo para dividir al pueblo, todo para debilitar la Revolución.
Un bloque grande de constituyentes se dejaron –así lo creo– amarrar o fijar por el espíritu regionalista, y entonces echan a un lado el interés nacional.
Sólo concebimos la Bolivia única por la vinculación espiritual y material de sus pueblos. Es criminal todo intento de romper la unidad nacional. Morirá para siempre la Bolivia desmembrada y regionalista. 4.
El día que haya en las diversas capitales de España hombres de talento y prestigio, que estudien los verdaderos intereses y aspiraciones de sus comarcas y los fundan en un plan de acción nacional, dejarán de existir esas entelequias o engendros de gabinete con que hoy se nos gobierna, y habremos entrado en la realidad política. Yo soy regionalista del único modo que se debe serlo en nuestro país, esto es, sin aceptar las regiones.
Veamos que junto con la instauración de las autonomías en Bolivia, los manipuladores de esta situación, han provocado artificialmente los enfrentamientos entre La Paz y Sucre; así como la confrontación regionalista entre el oriente y el occidente, en concordancia con el incentivo del odio racial entre los bolivianos.
Colocados nosotros lejos de ese ambiente en que entran en pugna las inmoderadas pretensiones y la descarada codicia, al calor de mayores o menores influjos políticos y de prepotencia regionalista (maldito regionalismo), juzgamos que ese producto de la cesión del Acre, región perdida quizás por imprevisión administrativa, no debe emplearse en ferrocarriles onerosos y de puro lujo, máxime si ellos van a sojuzgar a Bolivia, colocándola bajo el influjo de Chile, tanto en lo económico, industrial y comercial, como en lo político y militar; y, lo peor de todo, dando el golpe de muerte al Oriente y Noroeste, encadenándolos al Pacífico cuando su libertad y porvenir están al lado del Atlántico.
El regionalismo es un tema siempre importante al que se añade hoy el interés de actualidad que le prestan esas manifestaciones de la opinión cada día más fuertes y robustas; por eso determiné someterlo a vuestra consideración en mi conferencia; y además porque si en todas partes la idea regionalista bien entendida y aplicada...
Y nosotros empezamos por respetar todos los cultos y todas las creencias religiosas, a todo el que cree como al que no cree, porque para eso somos un país liberal, un país democrático, un país libre. Así que esas pasiones, como en Oriente, querían despertar el sentimiento regionalista de Oriente, hablando de “Oriente Federal”.
Dijeron los unitaristas, que como buenos partidarios de una idea exclusiva se empeñan en negar la realidad cuando esta no es en absoluto conforme con sus preconcebidas entelequias, que la obra de recabar para las regiones su vida propia y personal dentro del organismo de la nación, era una empresa de locos y de malos patriotas; que con ella solo se pretendía la destrucción de lo que costó tanto trabajo y tanta sangre edificar en siete siglos de luchas épicas; y que el sistema regionalista no produciría otros frutos que la anarquía territorial, la división de la patria en pequeños estados inhábiles para proseguir la historia de España, y en último término feudatarios del extranjero.